Llegamos a la reunión, que empezaría a las 10:00 a.m., un poco tarde. Sin embargo esto no importó pues para esperar a todos los voluntarios comenzó a eso de las 11:00 a.m. y concluyó a la 1:00 pm. Después de lo planeado.
Era la primera vez que José, Paola y yo veíamos a muchos de los voluntarios. Había cierta desorganización por parte de los coordinadores, pero nada alarmante ni trascendente. Finalmente llegamos al lugar de la reunión, donde todos los voluntarios estaban dispersos y metidos en sus asuntos: con los celulares o conversando con el del costado.
Junior, uno de los coordinadores, tomó el liderazgo. Nos pidió a todos que nos paráramos y presentáramos de una manera divertida: diciendo "Mi nombre es... y me pica..." y conforme avanzábamos en el círculo.
En la parte superior se aprecian las siluetas de los voluntarios parados en círculo para comenzar la presentación. Al principio parecía ridículo, pero Junior realmente trataba de integrarnos. No lo entendía, pero luego llegué a la conclusión de que es escandalosamente incoherente practicar un acto de humanidad dejando de lado otro acto de humanidad. (7. Considerar las implicaciones éticas de sus acciones). ¿Qué clase de persona busca mejorar el mundo acudiendo como voluntario a un hospital, pero se olvida de los otros voluntarios? Eso sería excesivamente inhumano, hasta se especularía que la razón por la que se va es por una intención egoísta. Lamentablemente, algunos no parecían opinar lo mismo y mostraban indiferencia.
En la foto superior se encuentra Junior. Después de la presentación, él nos dio una especie de charla emotiva. Nos recordó un poco sobre el pilar de "Hacer posible lo imposible", que era de lo que había tratado la reunión anterior. Conmemoró la cómica actividad de agruparse y entrar en un papel periódico. Luego nos dijo que en el hospital a menudo se hacía posible lo imposible; y puso como ejemplo a los terapistas. Los niños llegaban ahí inmovilizados y salían siendo libres, no pude estar más de acuerdo con él.
A continuación nos habló sobre el nuevo pilar: "Quien soy deja huella". Se embarcó en una historia sobre un chico que se suicidaría pero alguien dejó huella en él y no lo haría más; luego el dejó huella en la vida de un empresario amargado y este comentó que viviría la vida con más alegría, ya que había sido admirado como persona por alguien por primera vez. La verdad es que no atendí de principio a fin la historia, me distraje un par de veces. Pero no fui la única, pude notar cómo muchos voluntarios se quedaban dormidos o revisaban su celular o miraban al techo. Me pregunté si Junior si daba cuenta de que casi nadie lo atendía con concentración, pensé que si yo hubiera sido él me hubiera sentido muy mal y hubiera finalizado la charla. Sin embargo, luego caí en la cuenta de que si él realmente se atrevía a hablar de forma tan emotiva frente a un público tan indiferente, era porque realmente creía en lo que decía y esperaba que nos ayudara con convicción. (7. Considerar las implicaciones éticas de sus acciones). Por lo tanto, merecía ser escuchado.
En efecto, lo que decía tenía mucho sentido. "Quien soy deja huella". No en plan de que las personas siempre nos recuerden como algo bueno a nosotros, los voluntarios, sino que el momento o la ayudada brindada les sirva para siempre. Ese lema podría identificar a un voluntario perfectamente. Finalmente, nos entregó unas pulseritas verdes con el lema escrito. Pensé que él se había tomado la molestia de escribirlo en quién sabe cuántas pulseritas, porque realmente creía en eso.
Después de eso nos pidió que tratáramos de conocernos entre nosotros, los miembros del voluntariado. Intercambiar experiencias con los otros voluntarios, ya sea sobre las áreas o los turnos. Eso es muy importante, es una lección de humanidad. Por ejemplo, había quienes estaban en nutrición. Además, para el área de geriatría había una mujer abandonada que necesitaba dinero para sus pañales y no tenía cómo conseguirlo. Para ello decidimos realizar una rifa otra vez. (3. Proponer y planificar actividades). En suma a esto se planificó la visita a un hogar para llevar una canasta de víveres colectados por los voluntariados, se advirtió que sería una experiencia chocante y extrema. Por mi parte, me hubiera encantado acudir, pero mis padres no me hubieran dado permiso para ir con desconocidos a un lugar tan lejos.
Finalmente, se trató el tema de las actividades deportivas para el personal del hospital o gymkana. Aunque trataron de persuadirnos para anotarnos en el equipo de voley, Paola y yo propusimos fútbol femenino pues nos sentimos más identificadas con este deporte. Sobretodo ella, yo detesto el voley.(4. Trabajar en colaboración con otras personas).
Al final del día pude recordar gracias a Junior la importancia de ser un grupo de voluntariado, de ser coherentes y humanos. Por eso trataré de compartir lo más que se pueda con esos extraños que al igual que yo llevan un chaleco azul por pura voluntad propia.
Además nos repitieron la importancia de ayudar a alguien, no para que nos recuerden a nosotros exactamente, sino para que esa ayuda pueda trascender en esa persona. Me gustaría pensar que la ayuda que le doy a los niños en su terapia realmente les sirva para romper esas limitaciones que la naturaleza o la humanidad les impuso. Al menos, ahora me esforzaré más por eso. También aprendí que cuando se trabaja en un grupo muy grande es más difícil proponer ideas; sin embargo el compromiso debe permanecer intacto. Con muchas personas se pueden hacer grandes cosas, como una rifa o una colecta para una canasta. Por último, no creo que se bueno temer a proponer nuevas actividades. De hecho, puede ser lo que muchas otras personas estaban buscando, pero no lo sabrás si no lo propones.




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