viernes, 20 de junio de 2014

Clase N° 07: Valió la pena aguantar la respiración

No me encontraba muy bien de salud en el largo camino a Llanavilla; quizás se me hizo demasiado largo con el malestar que sentía. Sin embargo, valió la pena ir "en dolor" y aguantar la respiración toda la semana para poder experimentar lo más cercano a felicidad que puedo encontrar desde hace un buen tiempo.  No, no es ninguna especie de floro sentimental; de hecho es más honestidad de la que me gustaría admitir. Yo no sé que son el dolor ni el sufrimiento reales; pero de alguna forma creo intuir que si hay algo hilarante sobre la situación es que sin ellos tampoco conoceré el amor y la felicidad verdaderos. Ir ahí todos los sábados (bueno, tampoco es que tuviera algo que hacer todos los sábados en años anteriores) es como ponerme un nebulizador después de haber estado aguantando la respiración toda la semana. Desde luego que altera mis horarios y cosas así, pero la recompensa es mucho mayor, aunque no siempre logre recordarlo. Obviamente estoy a años luz de ser la mejor profesora de inglés que los niños puedan tener, ni tengo carisma, ni puedo hacerlos reír. Pero sí hay algo que puedo hacer, Sergio me lo hizo entender, y es amarlos lo mejor que pueda. Dentro de mi mente primitiva, mi egoísmo y todas las limitaciones; voy a intentarlo como nunca antes lo había hecho. Solo entonces sabré que estoy haciendo algo BUENO. Algo IMPORTANTE. Algo REAL ¿Por qué es importante, bueno y real?
Esta clase me aterraba en particular, porque era la clase en la que solo iríamos Fabrizio y yo. Si tuviéramos que hacer un orden de quien desempeña mejor los cargos, creo que todos estaríamos de acuerdo en que primero se encontraría Nicole y luego se la disputan Aarom y Sergio. ¡Pero Fabrizio y yo tenemos problemas! No habíamos ensayado la programación de la clase y los terribles resultados de mi clase improvisada con Aarom casi un mes atrás venían a mi cabeza con imágenes rápidas, y esa sensación de presión en los puños y debajo de la clavícula... ¿Tendría que soportar otro resultado así?
Para nuestra sorpresa, nos cambiaron de salón a uno más espacioso que explotaba la creatividad de los niños. No sé como pero logramos calmarlos y entre Carolina y yo dimos las primeras clases. Claudia Tello se ofreció como voluntaria y se quedó cuidando una mesa; mientras que Fabrizio, Carolina y yo rotábamos entre las mesas. En realidad fue bastante sencillo, pero aún así nos demoramos porque los niños tenían que fijar los conocimientos sí o sí ¡Era la clase N°07!
Al final concluí que si evaluábamos la clase de un punto de vista académico habría estado de regular para mal. Pero fue una experiencia enriquecedora, porque tuve la oportunidad de dar cariño a niños que creo que lo necesitaban. Es una larga historia...
Y bueno, como se aprecia en la foto, mi pequeño Jesús asistió a la clase ¡Y me dijo que su mamá no quería que yo me acercara a él! Traté de respetarlo pero él de todas formas venía y me decía cosas que entendía parcialmente. Me confesó que en su casa le pegaban y que su hermanito le había hecho un moretón en la boca. No sé hasta que punto es normal porque nunca antes había convivido con niños salvajes de tres años.  Entonces traté de acercarme a él y cuidarlo; le dije que le saldrían gusanitos en el estómago porque ¡Estaba tomando agua del balde donde los niños se lavan las manos! Me horrorizan los métodos higiénicos de Llanavilla, los niños deben tener parásitos y que no lo manifiesten no significa que estos no les hagan daño. Bueno, ese es un punto aparte. El punto es que el pequeño Jesús al final "¡me abrazó y me dijo que me quería algo!". Es un progreso, fue hermoso.
Otro niño al que me acerqué fue Aarón, él es obediente, respetuoso, adorable, lúcido y aprende con facilidad. Además, le compartió sus galletitas a Dayanna. Siempre avisa cuando alguien está causando desorden y hace preguntas interesantes. Pero no es un niño presumido que utiliza sus dotes para manipular; por el contrario, parece muy noble e inteligente.
Otro de mis temores era que los niños se cerraran y no pudieran compartir algo de su interior con nosotros. No quería que se dispersaran y solo pasaran las clases, necesitaba tocar su fibra sensible y conocerlos un poco más individualmente. Decidí que la mejor forma de llamar la atención era treparme  a la mesa y hacer temblores de mentira con mis manos, creo que no salió mal. Mi mesa estaba conformada por Kelvin, Aylín, Rubí, Abigail, Dyanna y otra niña más cuyo nombre no recuerdo.  Ella y Rubí parecían ser muy amigas y jugaban toda la clase una con la otra a peinarse y abrazarse. La de polo lila y ganchitos blancos, Rubí, cambió drásticamente de la niña tímida que conocía dos clases antes. Esta vez se desenvolvió muy bien, participó de manera correcta en la clase y también se dirigió varias veces a mí directamente. No sé como llamarla... ¿Justiciera? o tal vez asertiva, o acuseta en un buen sentido. Era la niña que venía y me decía "Ella está haciendo esto..." o "El niño no puede hacer esto..." o "Mira lo que ha hecho...". Por otro lado, reconozco su habilidad para memorizar el vocabulario, era una de las mejores en eso en el salón. Otra niña con características similares era Dayanna, ella recién se incorporaba a las clases sabatinas pero se adaptó con rapidez. Es muy cariñosa e independiente; al igual que Rubí, gusta de expresar sus opiniones. No sé si es mi imaginación, pero me da la impresión de que ella y Aarón tienen una linda amistad. Otra niña que me llamó la atención quizás por un motivo personal fue Abigail. Ella es una niña muy pequeña, incluso en comparación las otras niñas de su edad, me recuerda a alguien. Podría incluso decir que es bastante tímida, aunque ya no sé como funciona con los niños porque una clase se pueden mostrar retraídos y la siguiente desenvueltos. ¿Eso es normal? Debo recordar que esto no es un experimento de biología.
En otra mesa estaba María Fernanda, ella me preocupa porque en todas las clases está aburrida y triste. Al principio creí que era un capricho pero ahora ya son tres clases que va de esa forma, o quizás más. Trato de preguntarle que le sucede, pero solo me dice que se aburre y que no desea estar ahí. ¿Qué le estará pasando? Hay otra niña que se llama Maricielo que no habla para nada, puede que sea por su corta edad y el hecho de estar con niños más grandes que ya interactúan entre sí la aterra, pero no sabía si los niños a esa edad suelen comportarse así. Los demás niños de tres años sí hablan. Tocando ese tema, Valentino continuó haciendo sus maldades y siendo una cosa pequeña, comprimida y adorable. Pero ya no quería encargarme de él, le dejé ese trabajo a Fabrizio. Y me reencontré con un niño de la clase pasada llamado Thiago. Si pudiera   describirlo en tres palabras, serían respetuoso, noble y encantador. Siempre está sentado derechito y sin hablar con nadie, tampoco lo culpo porque obviamente su personalidad contrasta mucho con la de Valentino, Jesús, Juan Diego y los otros mini-terremotos de su mesa. Pero también se ve que está asustado, es como si nos tuviera miedo (a los profesores de Ciudad de Dios). Me conmovió mucho cuando decidió compartir sus galletitas con María Fernanda e incluso ¡Conmigo! fue muy gracioso porque ni siquiera se lo pedí, solo me acerqué para conversar con él porque estaba solito y me lo pidió. Es muy diferente a los otros niños de tres años, no actúa por impulso, parece más racional. Me quedé hablando con él un rato porque me resultaba interesante y el me dijo con una sonrisa "Tu no me haces nada". Intrigada, le pregunté a qué se refería con eso. "Tu no me das miedo", me confesó. Eso fue demasiado hermoso, lo abracé fuertemente y le dije que lo quería mucho. Probablemente no tiene idea de cuánto esos significó para mí, pero lo hizo. Puedo decir que me identifico con él en ese aspecto, a veces las personas me dan tanto miedo... hasta el punto de la ridiculez. Por eso saber que pude ayudarlo a superar aunque sea en lo más mínimo ese miedo significó superar una especie de trauma. Quisiera poder decirle que no tiene nada que temer, que es hermoso y que debería confiar. Por otro lado, también me da miedo el verdadero significado de  sus palabras; ¿Significan que le pegan? ¿Qué le maltratan?
Por último, tuve una especie de encuentro con otro niño llamado Bruce. Hasta entonces solo lo conocía como un niño hiperactivo, que causaba desorden y gritaba estruendosamente de la nada; aunque sabía que tenía muchas cualidades. También sabía que había tenido problemas en esa clase porque los chicos se habían estado quejando de él, pero no me había introducido mucho en eso. Entonces vi que se escapaba por la puerta ante la pelada cara de todos, así que corrí para detenerlo y estaba casi llorando. Le pregunté porqué hacía eso y me dijo que estaba cansado de que nadie lo quisiera, que todos los querían fuera y lo fastidiaban. Habían muchas cosas que quería decirle en ese momento, explicaciones racionales e irracionales de porqué sucedía eso, porqué sentía eso y como debía lidiar con ese sentimiento.  Pero era solo un niño, necesitaba algo mucho más real que especulaciones. Lo abracé y traté de consolarlo a la antigua. Le dije que lo quería hasta que dejo de repetir que quería escapar y luego lo cargué y le di vueltas. Lo hice entrar y le prometí que me quedaría con él para que no se sintiera solo. Al cabo de un rato se olvidó de lo sucedido y siguió actuando como un niño. Ojalá haya servido de algo lo que hice, si es así entonces todo tiene sentido. (5.Mostrar perseverancia y compromiso personal).
Otra brillante clase de Ciudad de Dios (no por la forma en la que la dimos sino por la que ellos nos lo dieron) se escapó de entre mis manos y me sorprendió de sobremanera al mirar atrás. Ya había terminado el horario en Llanavilla, pero como dice nuestro tutor Piero "Ciudad de Dios se vive toda la semana". Pienso en los otros miembros del grupo. En Fabrizio, espero que los niños le hayan hecho tanto o más bien que a mí, aunque no sé como preguntárselo. También espero que Claudia haya disfrutado la clase y haya podido conectar con los niños. En realidad no interactuamos mucho dentro del salón de inicial en esta ocasión, actuamos individualmente, eso fue un error.
Esta semana casi se cancelan las clases porque ninguno de los grupos de 4to "E" había entregado las evaluaciones, informes y listas de sus respectivas aulas. Mi grupo se desesperó porque realmente estábamos desorganizados en nuestra infraestructura y me di cuenta de que si no lográbamos entregar las lista iba a ser por mi culpa, pues yo había tenido en mis manos la asistencia la clase pasada y no recordaba donde la había dejado pero estaba segura de que había sido en Llanavilla. Valoré mucho cuando en vez de echármelo en cara, Nicole me dijo que todos asumiríamos la responsabilidad. Aun así me sentí culpable, pero al final el problema se solucionó. Sin embargo, me hizo ver que sí podíamos trabajar como equipo. (6. Trabajar en comunidad).
Eso era todo lo que quería decir, gracias Dios mío por permitirnos vivir esta hermosa experiencia.
 

Clase N°06: De sabor agridulce

Lo que sentí cuando retornábamos al colegio fue una mezcla de rabia, insatisfacción, ternura y confusión. Y en mi cabeza daba vueltas la pregunta ¿Es realmente una decisión inequívoca levantarle la mano a un niño? En ese momento, me inclinaba por un "no". Mis amigos me miraron horrorizados y en estado de shock, Andrea eres un monstruo. Yo sentía que no podían entenderlo aún, porque ellos enseñaban a grados mayores y los niños ahí tenían una pizca de respeto, me imagino. Tampoco es que los niños de inicial sean unas máquinas de destrucción y agresividad, pero para mí esta clase fue como un flashfoward en el cual solo siento rabia y no he dejado de pelear con mis hijos en una semana. La rabia es una sensación extraña; jamás había lidiado con este tipo de situaciones y jamás me habría imaginado llegar a este punto.
 
Esta clase esta planificada para ser espléndida, porque iríamos los cinco a dar clase con una sesión sencilla pero prometedora; y en mi mente primitiva las cosas aún funcionan en negro y blanco. El punto es que a pesar de que yo estuve maldiciendo en mi fuero interno casi toda la clase, al equipo le salió muy bien y me alegro muchísimo por eso y por ellos. Sobretodo porque disfrutaron el juego del cubo volador y los niños parecían pasar un gran tiempo ahí. Sin embargo, no puedo decir lo mismo de lo que yo hice ahí.
 
Sé que debería estar más enfocada en los niños y en sus historias, traté de sacarle algo profundo a las niñas de mi mesa pero no lo conseguí. En parte creo que se debe a su edad, para ellos todo es divertido con un globo con una sonrisa de plumón indeleble. Deberíamos aprender de su sencillez para disfrutar de la vida; a reírnos de lo que sea y a veces tratar de no pensar en que somos desafortunados. Porque ¿Realmente lo somos?
 
Cuando llegamos al salón tuve la primera impresión de que se trataba de una sartén u olla donde los maíces se convierten en canchita. ¿Así funciona? Los niños corrieron, saltaron, nos abrazaron ¡Pequeños seres humanos! Todos estaban cariñosos a más no poder. No sé si fue por mi corta estatura o por mi falta de fuerza física que terminé en el suelo y empecé a gritar, porque los niños (sobretodo Valentino) me estaban abrazando del cuello como si me ahorcaran. No dolió tanto pero me sentí impotente y no sabía que hacer para botarlos. Tuve que forcejear y luego les grité temiendo no pasarme de la mano ¡Pero ni siquiera me prestaron atención! Siguieron haciendo sus terroríficas maldades. Entonces algo capturó toda mi atención ¡Jesús Castro había venido a las clases! Kétchup, Jetsu, Ketsu, Jesús. Me olvidé momentáneamente de los sucesos y corrí a su encuentro ¡Es tan pequeñito! Está más delgado por lo que pude ver y sus grandes ojitos redondos me fascinan. Él me miró con adorable complicidad y me preguntó "¿Por que llegaron tan tarde?" Acto seguido arrugó su boquita y yo estaba babeando.
 
Empezaron las clases en la pizarra; las niñas de mi mesa se aburrieron. Sobretodo María Fernanda, quien era muy cariñosa y exigía que me quedara a su lado todo el tiempo. Se veía muy aburrida de verdad y eso me preocupaba ¿Es probable que los niños tengan depresión? Porque creo que así inicia, con un aburrimiento existencial constante. Luego la dejé con Aarom y su mesa, se divirtieron. El problema con las niñas es que se distraen mucho con los cuadernos y son niñas ¡no sé como explicarlo! pero algo entiendo de cuando dicen que las mujeres son complicadas. A veces simplemente no funciona repetirles 500 veces seguidas con voz pausada que presten atención. Ahí es cuando sale mi yo mandón e irritable y quiero pegar y gritar a todo el mundo. Veo todas las posibles reacciones en mi cerebro pero no elijo ninguna, obviamente. ¿Qué acaso no te enseñaron en tu casa a respetar? ¡Te falta golpe! No sé como serán las crianza en sus hogares, quizás en el mío fueron muy estrictos; pero al menos siempre supe distinguir y respetar a una autoridad. No hago absolutamente nada más en clase, pero al menos sé hacer eso. De hecho está que ellas tienen 3 y yo 15, pero desde que tengo memoria me han entrenado para ser así, lo que hacen va en contra de todos mis principios. En fin, decidí que no podía estar amarga toda la clase porque de alguna manera le trasladaría mi frustraciones a las niñas y ellas no tenían la culpa de que Valentino haya sido demasiado malcriado conmigo o que yo sea muy proclive a perder la paciencia.
 
Fui a la mesa de los niños de tres años: Valentino, JESÚS, Thiago y Maricielo. Me sentí impotente con Maricielo, es muy chiquita y casi no habla. ¿A quien me recuerda? Pero creo que es más por su edad que por alguna otra razón, será un proyecto de investigación a futuro. Valentino siguió siendo el niño más terrible y adorable que jamás he conocido. Por otro lado, Thiago respondía muy bien cada vez que le hablaba, me obedecía y se mostraba contento a cooperar. Me extraño mucho eso de él, intenté conocerlo mejor ¡Me pareció excelente! Los demás deberían conocerlo mejor, pero es tímido y no participa. Algo me extrañó mucho en la salida. Él había perdido su mochila (le pudo pasar a cualquiera) pero en vez de reclamarme como una niña mandona o como un valentino chillón; vino hacía mi cabizbajo que POR FAVOR lo ayudara a encontrar su mochila. Yo buscaba una por una y le preguntaba si era suyo y él solo me respondía que no con tristeza; no con impaciencia ni demandando nada, con profunda tristeza y RESPETO. Eso era tan extraño en un niño de Llanavilla, eso era tan extraño en un NIÑO. Luego cambió su carita y balbuceó en un idioma indescifrable; le pregunté que pasaba, lo abracé y le pedí que por favor no llorara. Lo que entendí fue que su mamá le iba a hacer algo si descubría que perdía su mochila. Y creo que se trataba de algo realmente malo. ¡Oh, Thiago!
 
Eso fue algo hermoso, pero no puedo decir lo mismo del resto del día. Estuve renegando y los niños me pegaron y se burlaron de mí . Me sentí frustrada conmigo misma por no saber marcar límites. Además siento que fui relegada a un segundo plano y mi presencia no sirvió mucho en la clase. Nicole, Sergio y Aarom estuvieron al frente y Fabrizio y yo nos quedamos cuidando las espaldas; eso no está mal pero me sentí demasiado frustrada porque siempre me sucede lo mismo, fuera y dentro de Llanavilla. Es como una incapacidad que me frustra hasta las lágrimas; estando afuera y mirando adentro.
 
Y en el bus Sergio me dijo que tenía que tratar a los niños de igual a igual. Yo le dije "Estas loco, a esos niños habría que pegarles a veces". No pensé con claridad hasta un momento después. Iniciamos un debate, me llamaron loca. No me ofendieron; es solo que sentí que miraban las cosas desde el punto en que yo lo hago usualmente: como un televisor negro y blanco. Insultando al gobierno, tachándolos de malditos, cuando la verdad es que no creo que lo haríamos mejor estando ahí. La intención vale mucho, pero a veces no es suficiente. No siempre deseas transmitir lo que transmites. Decidí que no quiero juzgar a nadie, no tengo la cara para hacerlo. Pero tampoco voy a decir que los padres que pegan a sus hijos cuando estos se portan realmente mal son enviados del diablo. Quizás ellos (mis amigos) tienen habilidades para persuadir que yo no ( y que tengo que desarrollar); de ninguna forma voy a pegarles a los niños de Llanavilla.  Tampoco a niños como Thiago o Aarón, no quiero que si alguna vez le pego a mis hijos sea por descargar mis propias frustraciones, eso para mí sería imperdonable (conmigo misma). Pero un golpe de Andrea no duele, quisiera que pudieran ver la intención. Quisiera y preferiría mil veces pegarles antes de que se terminaran convirtiendo en criminales.  No quisiera que pensaran que todas las personas que te sonríen son excelentes y las que te miran mal son enviados del diablo.
 
Le conté a mi mamá lo que me sucedió, ella trabaja con niños y de hecho ¡Les saca los dientes! En medio de papas fritas y gaseosa me comentó que ella se siente de la misma forma y que es incluso peor porque su trabajo depende de que los niños cooperen. Sí, aveces forcejean con los niños un rato. Eso me parece bien, forcejear. Me comentó que en una ocasión un niño que le pegaba a su mamá en el vientre estando ella embarazada, a él habría que forcejearlo, pues juraba que eso estaba bien. Y la madre de débil carácter se dejaba llorando.  Mi mamá piensa igual que yo, era de esperarse. Ella me enseñó a formar mis opiniones y obviamente pienso de forma muy parecida a ella. Sin embargo, todos cometen errores y es probable que esté equivocada. Me quedo con mi opinión, no la cambio , tampoco la hago pública. TRANQUILOS, NO VOY A PEGARLE A NINGÚN NIÑO Y MENOS A UNO DE LLANAVILLA. Aunque forcejear, si me están pegando como Valentino, es imposible no hacerlo.  ¿O no puedo? Aveces siento que odio a los seres humanos por creer en ellos mismos ¿Eso es normal?  Ahora creo que solo son frustraciones personales, así que si ellos creen que pueden controlar a los niños  con PALABRAS BONITAS Y SONRISAS bien por ellos. Y ojalá les funcione, yo debo operar de la misma forma aunque se me haga mucho más difícil. (1. Conocerse, aceptarse y superarse)ñ
 
 

lunes, 2 de junio de 2014

Sábado 31/05/14: Aborto indeseado

Para: edwin@ficatour.com
Asunto: RE: movilidad ciudad de dios
De: Cynthia Vanessa Veintemilla
Enviado: jueves, 29 de mayo de 2014 01:09 p.m.
Estimado Edwin por favor, confirmo servicio
DIA: Sábado, 31 de mayo
HORARIOS: SALIDA 1:20pm
HORARIOS: RETORNO 5:20pm
LUGAR DE INICIO: COLEGIO SAN AGUSTIN- SAN ISIDRO PUERTA 38
LUGARES DE DESTINO Colegio Santa Rosa de Llanavilla - km 23
REQUERIMIENTO: 45 personas

CIUDAD DE DIOS-PLANIFICADOR DE INICIAL

Semana 5: sábado 31 de mayo

Clase 6:

Tema: Like and Don`t like

·         Profesores: Nicolle Cornejo

                      Aarom Tinoco

                             





Cada Mesa por edad
 

                             Fabrizio Artiaga

                            Andrea Niño de Guzmán

Dinámicas: Aarom Tinoco

·         Logística: Andrea Niño de Guzmán

·         Coordinadora: Nicolle Cornejo

Planificación:

1)      Llegada-Oración y cambio de sitios por edades(5 mins)

2)      Repaso con las canciones aprendidas de la anterior clase (5 mins)

3)      Introducion a la clase: Like and Don`t like, explicación de los colores y frutas que no les gusta o les gusta con el uso de las paletas de caritas (10 mins)

4)      (Andrea Niño ) song: “I need to found you” y “like and don`t like” (20 mins)

5)      Clase: ejemplos de like and don’t like con los colores y frutas trabajadas en las anteriores clases (10 mins)

6)      (Aarom Tinoco)Dinámica: Aarom se para y agarra los flashcard y pregunta a que niño le gusta esa fruta al momento de eso  los niños corren hacia los ulas ulas que están al costado de aarom (derecha->like,izquierda->don`t like)(15 mins)

7)      Break: Yogurts y cereales (15 mins)

8)      Trabajo en el cuaderno: Hojas Bond donde este las frutas trabajadas y las cara de like and don’t like y que las unan (15 mins)

9)      Cierre: Cantaremos la canción “Sergio crea la cancion” con las 6 frutas trabajadas y finalizamos con la pregunta: ¿Qué aprendí hoy? Y para concluir daremos gracias al señor finalizando con una oración (5 mins)

10)  Que la próxima clase traigan un color que les guste (1 mins)

MATERIALES:

·         Stickers-ANDREA

·         Plumón y mota-NICOLLE

·         Flashcards ( imagen más la palabra en inglés) de cada fruta y color-Nicolle

·         Jugo de durazno y galletitas-NICOLLE Y ANDREA

·         Hojas Bond donde estén las frutas trabajadas  y carita triste y feliz para simular el like and dont like-AAROM

·         Maracas-AAROM

·         2 Ula ulas –COLEGIO

·         Yogurt y cereales FABRIZIO Y ANDREA

·         Paletas de carita triste y feliz SERGIO


No estaba segura de ir en un principio. Me sentía cansada, enferma y apenada por las malas notas de la semana. Sabía que tenía mucho que hacer, pero vi a mis amigos sacrificando su tiempo libre por los niños y al escuchar a Fray Hans en Catequesis supe que tenía que ir. No me necesitaban, pero yo quería ir. Al igual que todos mis compañeros, incluso ellos mucho más que yo. Cuarto "F" también estaba ahí, preparando una sesión de Cuentacuentos que estaría llena de magia. Tenían los disfraces y el maquillaje puestos desde hace como una hora, habían ensayado dentro de clases. Todos esperábamos en el estacionamiento a un bus que nunca llegó. En realidad si llegó, pero la historia es más complicada que eso.
 
Empezamos con la fase de negación. José, Carlos Gala, Paola y yo estábamos sentados preguntándonos qué buena razón tendría el bus para no llegar. No había forma de que no llegara. Ellos estaban hablando de algo, yo trataba de leer Cortázar, nos preguntábamos la hora constantemente... llegó el punto en el que supimos que era más que un simple retraso.
 
El profesor Piero nos dio una clase hoy sin la que hubiera sido posible esta bitácora. Habló sobre las facciones que salieron a causa del problema: los pacientes,  los preocupados, los indiferentes. Al principio creo que estaba entre los preocupados. Les dije a mis amigos que teníamos que hacer algo, buscar a un adulto responsable o ver si podíamos contactar con una empresa de buses. Me dijeron que no, que la Miss Rosemary estaba en eso, que nada podíamos hacer. No quiero decir que actuamos mal, ni que yo actué mejor que ellos. Pero no sé porque siento que no hice nada útil, que me quedé en mi "zona cómoda", que me excusé en el "pero me dijeron que...". Solo sé que siento que iba por el camino correcto y no solo no traté de dar a entender que sí debíamos hacer algo, sino que tampoco hice nada que aportar al colectivo. Tal vez esté equivocada, tal vez ellos tenían razón... no lo sé. No es como si tuviera resentimiento con ellos, sino conmigo misma, con la situación y con las rutinas.
 
Luego la Miss Rosemary nos informó sobre el evidente error que cometió la empresa de autobuses, dijo que los autobuses llegaban a las 3:00 pm  y nos pidió que le cediéramos nuestra hora a los chicos de Español que iban una de cada de dos semanas a diferencia de nosotros. Todos estuvimos de acuerdo; era lo justo, ellos se habían esforzado más que nosotros.
 
Seguimos esperando, porque supuestamente el bus llegaba en 20 minutos (al final fue casi una hora). No puedo decir que la pasé mal. Compartimos el momento no como indiferentes, sino como pacientes, escuchando música e intercambiando canciones. Honestamente, fue un momento muy grato y preciso para la ocasión. Aunque falláramos, nos teníamos a nosotros para respaldarnos. Fuera de las coordinaciones también está el trabajo en equipo y este se demuestra más allá de si la clase salió bien o no.
 
A pesar de que estuve feliz en mi zona cómoda, hubo algo que no hice. No salí de mi facción, como estoy acostumbrada, no traté de ver como estaban los otros grupos. Ni siquiera vi como estaban los otros miembros de mi Coordinación. Si los vi de lejos, pero en ningún momento me acerqué a preguntarles cómo se encontraban. Actué de forma egoísta y ahora puedo ver mi error. Este es un "oso que pongo sobre la mesa", fuera de Ciudad de Dios no entablamos mucha conversación. Para ser una comunidad no estamos desunidos del todo, pero tampoco estamos juntos. ¿Eso estará bien? (1. Conocerse, aceptarse y superarse.)
 Una valiosa lección que aprendí es la importancia de la responsabilidad en el trabajo en equipo. No es solo hacer tu parte del trabajo, sino asegurarte de que todos en tu equipo la hagan y también fuera de tu equipo. Por un solo error se pueden perjudicar todos, es una dosis extra de presión si eres líder. No soy líder de nada, pero tampoco me quiero lavar las manos y decir que las necesidades del colectivo son solo cosas que debo recibir y en las cuales no debo involucrarme. Porque puedes planearlo todo muy bien pero al final con que un pequeño detalle se te escape todo se derrumba; suele pasar muchas veces en la vida cotidiana. Sin embargo, espero cambiar lo "yo" por "Nosotros" y tratar de mejorar como grupo; siendo estas falencias incluso peores porque nos perjudican a todos.
Al final llegó el bus y ya todos cansados entramos, sin saber qué esperar. Lo que encontramos fue decepcionante.
Los niños nos habían esperado hasta caer en la cuenta de que no vendríamos... y ya no estaban porque eran las 4:20 pm. Todo el esfuerzo "por nada". Y en la puerta, un cartel que decía "Mañana sábado clases; llegar puntual". Entre la frustración y la culpabilidad regresamos al colegio; y el tenso clima se fue disipando conforme avanzábamos. No sabía como sentirme, pero no estaba tan frustrada. De hecho tengo las imágenes borrosas porque estaba anestesiada con dolor de cabeza. Pero de seguro si hubiera sentido la pegada de haberme esforzado más en el plan de clase.
 
No esperaba con tanta emoción las clases, había estado distanciada de Dios y de todo esa semana por las tonterías a las que llamo problemas personales. Solo sé que no quiero imaginar el cariño que tendríamos por dar y recibir con los niños. A veces lo que se supone que te hace daño no te hace sentir nada en especial; esta fue una de esas ocasiones para mí. Pude extraer algunas enseñanzas que realmente valen la pena, aunque no las aprendí de una forma épica como solía narrar en las otras bitácoras. Tampoco me sentí aliviada cuando supe que no habían niños, simplemente no sabía que sentir. Esto rompe por completo los esquemas que había hecho. Reconozco que me sorprende no hallarme en medio de un torbellino de emociones como lo he estado en las anteriores bitácoras. No sé que me pasa ni a que se debe mi insensibilidad y me angustia, pero tampoco puedo cambiar las hormonas que segrega mi cerebro. No sé que esperar de la próxima clase en Llanavilla, así que solo voy a desear que Dios me ayude a ayudar a esos hermosos niños. 

Sábado 24/05/14 :Clase N°05


Los niños de Llanavilla van a aprender los colores en inglés para algún punto de su vida, sin que nosotros interfiramos. También podrán jugar y divertirse todas las veces que quieran, sin tener nosotros que estar involucrados. Y de seguro muchas otras personas les dirán lo tiernos que hacen y cuánto los quieren; y probablemente les harán más caso que a nosotros.

Me avergüenza admitirlo, pero no sé hasta qué punto puedo afirmar que voy allá por ellos y no por mí. Por supuesto que me interesa su bienestar y felicidad, pero eso no calma mi conciencia. El profesor Antonio Cangalaya hizo un paréntesis en su clase para contarnos una anécdota que le sucedió cuando fue a hacer actividad social hace ya varios años. Estaba próxima la Navidad y junto a su escuela habían armado una especie de chocolatada (o eso entendí) en un colegio estatal mucho más afectado que Llanavilla. Dijo que vivió una experiencia que lo marcó. Hubo un niño de once a doce años que se negó a participar en las actividades y los rechazó bruscamente, cuando le preguntar por qué lo hacía este respondió “Yo no voy a jugar con ustedes porque vienen aquí porque nos tienen pena. Ustedes vienen aquí para ustedes sentirse bien. Puede que nos hagan entretener esta tarde y después se vayan sintiendo satisfechos; creyéndose mejores personas. Pero eso no va a cambiar la forma en que nosotros vivimos”. En serio espero que ese no sea el caso.

Nunca miré a los niños de Llanavilla como mártires del mal funcionamiento del país. Simplemente los veía como niños, niños que pudieron estar en cualquier otro lado pero están ahí y tal vez no reciben la mejor educación; creía que por eso estábamos ahí. Sin embargo, debo admitir que una parte de mí se alegraba mucho de dar órdenes. Un monstruo oculto en mi interior saltaba cada vez que me tocaba dar clases y me hacía sentir muy, muy bien. Me gusta hablar y me gusta que me escuchen. Me gusta decidir algo y que se lleve a cabo; pero eso no es algo que permita que suceda todos los días. ¿Me estaba engañando a mí misma? ¿Qué tan cierto es lo que le dijo aquel sabio niño a Cangalaya? Como digo, es un monstruo que debo mantener encerrado en el clóset.

Por otro lado, me gustan los niños. No me gustan todos los niños, me gustan esos niños. No es pedofilia… solía venir un niño llamado Jesús con el que me gustaba mucho tratar, me parecía la combinación perfecta entre la ternura y el mal camino que debe ser corregido. Lástima que ya no viene. A lo que me refiero es que al darnos la oportunidad de conocer a cada niño y a su historia; a dejarnos conquistar por cada detalle de sus cortas y frágiles existencias realmente podemos llegar a quererlos. Claro que es una sensación hermosa ¿Será verdadero amor? Creo que no, es muy pronto. Mientras tanto, cada vez vamos descubriendo cuánto interés pueden generar las frases sin-sentido que sueltan o las miradas al limbo o repentinas rabietas… ¡Es todo un caso! Pero nos hace felices, NOS hace felices ¿Y a ellos?

Probablemente son muy niños como para distinguir los momentos que realmente los hacen felices, están experimentando constantemente. Tan solo ampliando el panorama se pueden ver muchas cosas interesantes. Sabemos que ese lugar humilde sobre la arena de una playa salvaje es donde estudian… es a donde vamos dos horas los sábados; y es todo lo que tienen. Nunca me había puesto a pensar en las condiciones de vida que tienen que enfrentar. Seguro hay mucho amor y risas descontroladas en sus vidas; pero también están las necesidades de cada ser humano de ser libre y de sentirse alguien importante… las miles de complicaciones que vendrán más adelante. Todas las malas enseñanzas que heredaran del contexto en el que bien y de sus padres; personas a quienes no juzgo, pues mi primitivo cerebro asimiló este año lo difícil que es educar a un niño (y más en esas condiciones).  Estos niños van a sufrir mucho más de lo que quiero imaginar y no podemos cambiar eso. Una clase de inglés a los tres años no va a afectar en nada el terremoto que se les viene encima. No podemos apartarlo, no podemos detenerlo, no podemos hacer que lo esquiven. ¿Cuál es el punto? Si realmente estamos ahí por ellos ¿De qué les sirve una maldita clase de inglés sobre frutas y colores? No le encuentro un maldito sentido, teniendo en cuenta que de todas formas lo van a aprender tarde o temprano. Lo siento. Esperamos trascender ¿No es así? Obviamente tenemos que darles lecciones de vida, eso ya lo sabíamos. Pero si las lecciones de vida son tan difíciles de aprender que para unos jóvenes de quince años tienen que ser repetidas todos los sábados de 9:00 a 11:30 ¿Cómo vamos a entregárselas a unos hermosos bebés de cinco años y hacer que las recuerden para siempre? ¿Cuáles son esas lecciones? …

Por otro lado, ¿Esperamos esperar a que alguien adivine nuestras dudas y le dé solución a este problema? Por el momento, he asumido que lo mejor es preguntarles a personas mayores y leer la Biblia. Dios mío, perdón por olvidar todos los Apostolados de catequesis. Voy a leer la Biblia en las noches  todas las veces que sea necesario para buscar esas enseñanzas, aunque mi cuerpo me pida a gritos dormir. Si es por ellos, vale la pena. Creo que por momentos está bien dejar todo interés personal de lado excepto ayudar al prójimo, sobre todo cuando se pierde el verdadero enfoque de las cosas. Si es necesario debo obligarme a mí misma a hacerlo, con o sin magia.  (1. Conocerse, aceptarse y superarse; 4. Se compromete y se esfuerza).

Empezaré el relato de este tarde. Llegamos a Llanavilla después de haber estado toda la mañana en Confirmación y en Olimpiadas, razonablemente algo cansados pero no por eso menos emocionados. La más entusiasta era Nicole, quien no veía a los niños en casi un mes. A esta sesión acudimos Sergio, Nicole y yo; y teníamos la clase planeada desde hace una semana. Debido a las dos grandes fallas anteriores, queríamos asegurarnos de que todo saliera bien; a pesar de que sabíamos que las verdaderas complicaciones saltaban en la cancha.

Teníamos la ventaja del tiempo, los niños todavía no estaban ahí así que pudimos organizar el salón primero. Dividimos las mesas por edades y a mí me tocó la de 4 años, a la que solo pertenecían tres niñas que hasta ahora eran desconocidas para mí. Mis otros compañeros se adaptaron muy bien a sus mesas (al menos eso me pareció), pero yo iba con una herida abierta que había causado insensibilidad y sentía que la relación entre nosotras estaba muy fría. Me alegró que la metodología que llevamos  (Nicole en la pizarra y uno por mesa) resultara para la mayoría de los niños. Pero a la vez estaba frustrada porque no conectaba con mis niñas.

Estuve asustada por un tiempo, pero poco a poco se fue rompiendo el hielo. Trabajamos con canciones, flashcards y concursos entre mesas ¡La clase estaba saliendo bien! Trabajo simultáneo y predisposición de los niños; la clase la hacemos todos. (6. Trabaja en comunidad).
 
Pude interactuar con mis niñas, aunque no me acuerdo mucho lo que me dijeron (realmente lo siento). Una se llama Rubí, le gustaban las uvas. Otra era Mariana, que tenía una risa muy contagiosa y al principio se iba caminando en plena clase, pero luego obedeció. Por último, Abigail, quien era más tímida. Realmente me frustra no recordar lo que me contaron, pero sé que en el momento fueron varias cosas. Sí recuerdo que a las tres les gustaban las uvas y los plátanos. No sé si fallé, porque no me contaron ninguna historia personal; lo intenté pero vi que eran niñas y no podía sacarles información, entonces me conformé con lo que pasó. No sé si estuvo bien o no.
Luego todo el salón salió e hicimos dinámicas que resultaron mejor de lo que esperaba. Ahí pude hablar con otros niños, Arom y Luis Alexander. Pienso que es más fácil hablarles a ellos, demuestran un poco más de madurez. Aunque también me asuste que los otros niños piensen que tenemos favoritismo o que incluso tengamos ese favoritismo, ellos se dan cuenta de esas cosas. Cuando tenía esa edad recuerdo muy bien que tenía una Miss que siempre elogiaba a una compañera y le decía "Yo sabía que tú podías hacerlo porque tú eres lo máximo" y siempre pensaba "¿Es así? ¿Ella es mejor que nosotros? ¿Ella merece más admiración? No lo creo". No quiero que esas cosas, por más insignificantes y pequeñas que parezcan, suceden en las clases. Por el simple hecho de ser un ser humano podemos darnos cuenta de que los pequeños detalles pueden terminar convirtiéndose en el detonante de una terrible explosión con el tiempo. Esa pequeña variación en una brújula que puede llevarte a un lugar totalmente distinto.

Pude conocer en estas filas a otro niño llamado Joseph, que peleaba constantemente con otra niña llamada Sully. Pero no era una clase de pelea que termina en berrinche, ambos lloran y nosotros lloramos por no saber controlarlos. Era más como cuando dos niños de sexos opuestos se pelean y bueno... tengo una gran imaginación. No pude evitar reírme por lo hilarante de la situación. Niños.
A pesar de que sea más fácil contactar con niños como Joseph, Aarom y Luis Alexander; la clase es de todos y todos tenemos que avanzar en grupo. Lo que sí sirve es explicarle las dinámicas a ellos primero y luego se van ayudando entre niños, porque entre niños se entienden y se dan el ejemplo ¡No sé realmente cómo funciona, pero funciona!

Esta pequeña llamada Angélica tuvo muchos conflictos esta tarde de sábado. No quería trabajar y se distraía mucho. Lo curioso era que aprendía rápido, aunque mostraba un carácter difícil de dominar. Al final se sentó en mi mesa e hizo difícil la convivencia con las niñas. Acabo de recordar que después se nos unió el hijo de una profesora, que se hizo rápidamente amigo de las niñas. Pero Angélica le dijo "fea cochina" a una de las niñas y todas vinieron a acusarla con la profesora: o sea, yo. Qué divertido, la última vez que le había llamado la atención a Angélica por algo ella había terminado llorando, qué divertido. Amablemente traté de decirle que no podía hacer sentir mal a las otras niñas; bueno, amablemente pero con seriedad para que entendiera. Cruzó sus brazos y metió su cabeza debajo ¡Iba a llorar! Me eché a su costado y traté de hacerle entender que debía pedirle disculpas, que todos ahí querían ser sus amigos y divertirse con ella pero ella se los impedía. Ella se negaba y me dijo que su mamá le decía que no debía hablarle a nadie. Todas las niñas me miraban atentas y por un segundo deseé buscar a alguien a quién mirar atentamente, pero no era la ocasión. Le dije que eso era mentira, le repetí que todos queríamos ser sus amigos y que nunca se hace sentir mal a un amigo. Que podía hacer las cosas mucho más felices pero ella misma lo impedía. Le dije un montón de cosas, le repetí... y le pidió perdón. Luego estaba más dócil aunque igual tenía un comportamiento raro y misántropo, que obviamente aprendió en casa. Ya mencioné que no voy a juzgar a los padres, pero eso no significa que no podamos hacer nada al respecto.

La clase terminó y fue una buena clase. Buena en el sentido de que todos aprendimos algo, tanto los niños como nosotros. Buena en el sentido de que lo que planificamos se cumplió y avanzamos los contenidos. Buena en el sentido de que hicimos contacto con ellos y no estuvo mimetizado con el resentimiento y la frustración del anterior sábado.
Estoy orgullosa de mi Coordinación, aunque no se los he dicho directamente. Siento que realmente trabajamos en grupo, aunque con nuestras limitaciones. Tal vez no hemos avanzado de forma perfecta; pero hay un interés compartido por mejorar, que hace esta experiencia aún más hermosa.
Gracias de nuevo, Dios mío, por darnos este regalo.