En primer lugar, este día nos cambiaron de área sin avisarnos. Me sentí un poco triste pero supe que debía de aceptarlo. No se trata de ayudar solo en el área que tu quieres, eso es muy similar a dar lo que te sobra. Abajo se puede apreciar la puerta al Laboratorio, lugar al que me asignaron. Sin embargo, ahí no necesitaban a nadie a menos que supiera hacer análisis de sangre. Tampoco en consultorio ni en Triaje. Convenientemente regresé a Terapia de Lenguaje.

La licenciada Rosa me pidió que repasara el cuaderno con una niña que tenía un grave problema de tartamudeo. Se distraía mucho aunque no de forma malcriada, la mayor parte del tiempo cometía errores. Sin embargo, sé que en algún momento logrará hablar con normalidad, aunque ahora le sea muy difícil. También tiene el problema de tener una voz muy baja, algo con lo que me pude identificar. Antes creía que mi voz no tenía remedio, pero desde que pisé terapia de lenguaje supe que todos los problemas para hablar tenían remedio. En la fotografía de abajo se puede observar su cuaderno.

Luego me tocó volverle a enseñar aunque por poco tiempo a Josué, de la vez pasada. Seguía siendo igual de hablador, me pidió plata para comprarse unos muñecos de pitufo. También me preguntó si tenía papá y si en mi casa había una mesa. A veces me pregunto si eso significa hablar sin coherencia, no creo que así sea, sino que la mayoría están acostumbrados a hablar de lo mismo. Al final me despedí de él con fuerte abrazo y un beso. En la fotografía de abajo se puede observar su cuaderno.

Después me quedé por un rato sin saber qué hacer, ya que había otra voluntaria con chaleco azul que le repasaba a un niño. Me senté a su lado a ver como funcionaban sus clases, recordando que había prometido ser más amena con los otros voluntarios. Así me enteré que se llamaba Katty, estudiaba terapia de lenguaje en la Cayetano y ultimamente sentía que no tenía tiempo para nada más que para los estudios. Ambas nos preocupamos por el niño, porque cometía muchos errores. No pronunciaba algunas letras, no podía decir dos sílabas juntas y cuando tenía que decir una palabra completa solo decía las vocales o cambiaba por completo las palabras. Nos turnamos para hacer énfasis en lo que debía mejorar, aunque el niño no mejoró. (4.Trabajar en colaboración con otras personas). Pero no era un niño que recién empezara terapia, sino que llevaba bastante tiempo por el grosor de su cuaderno. Por ende sospecho tiene graves problemas. En la fotografía se puede apreciar su cabecita.

Luego la licenciada Rosa se fue a Hospitalización y me quedé con la licenciada Paola que atendía a dos niños a la vez. Me pidió que enseñara a la pequeña Saori, quien se distraía mucho y finfía no hablar.
Sin embargo, creo que trabajar con niños por tantas horas me hizo aprender a soltarme un poco más; y compartir trabajo con la licenciada Paola me hizo aprender inconscientemente algunas de sus técnicas. Ahora puedo levantar la voz si así lo deseo (eso creo) y creo que vocalizo mucho más gracias a los niños. Y bueno, ya no me siento tan torpe, aunque quizás lo sigo siendo, pero la cosa es no sentirse así. (1.Adquirir una mayor conciencia de sus propias cualidades y áreas).
Al final Saori logró gritar las vocales conmigo como si fuéramos aviones. Al principio no quería darme la meno, pero terminó repasando con ella las distintas texturas.
Después le enseñé los medios de transporte, como se puede apreciar en la imagen de abajo, donde hay un block con imágenes animadas de medios de transportes.
A continuación volvió el niño sin nombre y sonrisa contagiosa del martes. Tuve que repasar con él la tarea que no había hecho. Esta vez le propuse innovar otra vez. (3.Proponer y planificar actividades). Tenía que repetir bisílabos cinco veces y por cada vez dejar una huella de color con plumón en los circulitos. Le propuse combinar los colores en su dedo para ver qué color resultaba en el papel del cuaderno. Verificando, por supuesto, que pronunciara correctamente. Él lo hacía muy bien y también estaba muy emocionado por ver los colores resultantes.
Entonces se le ocurrió una manera muy peculiar de pintar los dibujos de sus cuadernos, específicamente la luna. Combinaría azul con vierde y tiraría su dedo desde lo alto. El resultado era un color metálico que lo ponía a reír a cada rato. Sin darse cuenta, repetía m uy bien "luna" "lapa "loco". Luego quiso pintarme el dedo a mi para que lo intentara yo y me sentí demasiado enternecida y agradecida. Sin embargo, lo más importante de todo es ver resultados en el niño y eso sucedió esta vez. En la imagen de abajo se puede ver mi dedo pintado con plumón dorado, y algo más...

Dedo pintado y manos con crema de bebé
Me tocó hacerle masaje facial a una bebé muy pequeña que supuestamente no se dejaba tocar. Fue un reto y una actividad muy divertida. La licenciada Paola me pidió que ideara alguna forma entretenida para comenzar a tocarla. Me enterneció demasiado cuando empezó a jugar con la crema que había en mi mano como si fuera nieve. Se dejó hacer el masaje, era una niña preciosa. Lo que de verdad me preocupa es que mi masaje esté mal y eso no la ayude a fortificar sus músculos.
También le hice masaje facial a un niño que dormía como un angelito, además me pidieron que le hiciera masaje intrabucal. El cual consiste en hacer círculos con hisopos adentro de la boca de los niños. Él estaba dormido, así que no lloró como suelen hacer los niños con ese masaje. Espero de verdad que le haya servido.
Luego tuve que mostrarle imágenes de animales a un niño y en voz alta hacer el sonido de dichos animales. Él era un poco agresivo, pero me sentí muy contenta de que le gustaran los animales y sonriera y los mantuviera acerca. A pesar de que no puede hablar y le espera un largo trabajo, nada es irreparable.
Antes de salir de Terapia de Lenguaje, me conmovió mucho la imagen de un padre con calvicia incipiente, chancletas gastadas y pies llenos de polvo que traía todos los días a su hijo desde San Martín de Porres para recibir su terapia. Él entraba con su hijo al consultorio y tratab de calmarlo mientras la doctora se dedicaba principalmente a los masajes intrabucales.
El niño se ponía a llorar de vez en cuando, entonces yo sujeté la tablet en donde repetían tres canciones para niños muy infantiles y pegajosas que de vez en cuando lo tranquilizaban. Parecía ser que al niño le gustaba la música.
Aveces cuando no tienes nada que hacer, basta con admirar la bondad que existe el mundo para sentirte feliz y agradecida.
También noté cierta rivalidad entre las licenciadas. La licenciada Paola es una experta con los niños y siempre le llegan los más jóvenes. Mientras que a la licenciada Rosa hasta le llegan adolescentes. Sin embargo, no es cariñosa por naturaleza y sentí cierta tensión cuando la licenciada Paola también colocó música para su paciente. Sin embargo, es una rivalidad sana y las une el deseo de que sus pacientes sean felices. Aunque una esté más motivada que la otra.

Luego bajé a terapia física con el licenciado Jorge. Él atendía a un niño con síndrome de Down. Dijo que el cariño más puro era el que ellos tenían, "lamentablemente". Me contó que su padre era teólogo y músico, pero el no se sentía identificado con ninguna de las dos cosas. A lo lejos observé a una niña llena de pelos y con la cara muy similar a la de un simio. El licenciado me contó que era parte de un daño cerebral y de ser prematura, yo estaba anonadada con su aspecto físico. En la fotografía de abajo se aprecia al niño sobre una pelota de pilates
Por último, antes de irme, le organizé los recibos y los marqué en la lista total de pacientes. Al llegar a mi casa debía cargar de saldo su celular. Porque uno de los licenciados había sufrido una Apendicits y le había dejado todo el trabajo a él, por lo cual no tenía tiempo de recargarlo. En la fotografía de abajo se encuentra la lista con los tickets.

Al final del día pude utilizar lo que aprendí durante estos dos meses de trabajo para ayudar a niños distraídos a repasar sus cuadernos, no hay nada mejor que un fin noble para algo que aprendiste de forma gratuita. Además tuve la oportunidad de conocer gente nueva, como la otra voluntaria Katty o los pacientes nuevos. Creo que empiezo a entender porque algunos terapistas están obsesionados con sus trabajos. Cuando eres un terapista, no te quedas solo en el momento en el que se debate la vida de un paciente, sino que entras con él a toda lucha por recuperar lo que le corresponde y sobretodo: su felicidad. Antes de empezar en la clínica no tenía idea de eso.
Aquí se cumplen las 40 horas de CAS, aunque muy probablemente no sea la última vez que haga la labor de voluntaria en la Clínica San Juan de Dios. Después de todo, este lugar me ha dado simplemente demasiado. La oportunidad de conocer gente de todo tipo; pero sobretodo de darme a entender que absolutamente todos valen lo mismo, merecen y pueden ser felices. Me hizo voltear la cabeza al principio con fuerza, quizás agrietar un poco más las paredes de mi burbuja de cristal. Pero después de todo redescubrir que no hay mal que no tenga solución. Por último, me hizo verme envuelta de manera encantadora en la familia de voluntariado. Jóvenes de todo tipo; pero que como yo están descubriendo que ser indiferentes no los conduce al camino de la felicidad, que hay algo esencial en su vida que ha estado perdido durante mucho tiempo.