sábado, 22 de noviembre de 2014

Un espiral en búsqueda de la verdad

Puede que esta sea la bitácora más vacía que voy a escribir. Cuando estábamos haciendo cosas grandiosas como alentando a niños a seguir sus sueños, confiar ellos mismos y en Dios; y a la vez intentando brindarles una mejor educación, ahí podía sentirlo. Pero se me hace tan difícil hacerlo en actividades como esta, aparentemente sin ningún sentido para intentarlo, como buscar una aguja en un pajar. A nuestro salón le había sido asignado realizar una columna de tetrapacks de dos metros para el Agustarte y eventualmente la noche de Ciudad de Dios. Magnífico, retador e inicialmente una pérdida de tiempo.
Esta fue la primera ocasión en la que se comenzó a armar la columna. Previamente ya se había diseñado la estructura y hasta se había hecho una prueba que soportó un temblor. Me mantuve absolutamente al margen de ese procedimiento. No sé si fue por indiferencia, quizás más porque sabía que mi ayuda no era requerida. Tu ayuda no es requerida.

Aún así, fue un momento agradable la elaboración de la parte media del espiral. Creo que cumplí con "Trabajar en comunidad" al realizar actividades como ordenar las cajas, adaptar la estructura de las mismas, conseguir pegamento y construir la estructura de la columna. Sin embargo, fue por un periodo muy corto de tiempo.


Aquel día vi ese anuncio en la pizarra y para el jueves yo era la única que había traído pegamento y gutapercha. Creí que era suficiente, que me había librado un peso de encima. Ese día era consciente de que algunos compañeros se quedaban, pero quise pensar que con mi aporte no necesitaba dar más. No me sentía de buen humor, no tenía ánimos de soportar mis errores de ser humano misántropo otra vez más estrellarse contra mí descaradamente. Me fui, sin dudarlo. Me recordé que ni la columna tenía sentido ni mi ayuda era necesitada. 

Esta imagen me heló la sangre por unos segundos. Me sentía extremadamente egoísta al saber que mis compañeros se habían quedado haciendo todo el trabajo y lo habían terminado perfectamente, pero yo no había estado ahí. Sentí miedo y verguenza, porque Dios no hubiera hecho eso de estar en mi lugar. Porque no se trataba de rehuir los momentos de tensión.


El día siguiente, el día del Agustarte, descubrí con alivio culpable que la torre aún no estaba terminada, Al principio me dieron ganas de no involucrarme, pero luego recordé que no importa cuánto llegara a filosofar de forma incipiente para convencerme a mí misma de que las cosas que no quería hacer no eran necesarias. La lógica de Dios estaba mucho más allá; y él nos mandaba a trabajar en comunidad a pesar de todos los aspectos que nos alejaran de eso. Así que eso hice, con la tarea muy simple de llenar con arena los tetrapacks más grandes para utilizarlos como bases. Considero que a pesar de ser una tarea muy pequeña, también requirió algo de esfuerzo pues tuve que hacerlo manualmente y era una labor que demoraba cierto tiempo.
Siento que de esta forma se involucraron "Trabaja en comunidad" y "Siente con la Iglesia y el mundo".

Por último, me sentí un poco más merecedora de esta foto, aunque no en su totalidad. La columna se terminó el mismo día del Agustarte, de manera que todos pudimos participar en la elaboración de ella.
No cambié radicalmente de opinión, pero sí entendí que la lógica de Dios es superior a la mía así que a pesar de que no entienda porqué rayos relacionan construir la Ciudad de Dios con elaborar una inservible columna de tetrapacks, tengo que hacerlo. Lentamente, infiero que la Ciudad de Dios se empieza construir en el mismo entorno en el que habitas; no se trata de esperar a que un bus te lleve kilómetros al sur para empezar de nuevo.
De esta forma se cumple 1. Conocerse, aceptarse, superarse
Gracias Dios mío por mostrarme de nuevo que la verdad  es real y eres Tú.
Buenas noches,

domingo, 19 de octubre de 2014

Sábado 18/10/14: ¿La última visita?


Hay una fina línea entre la premeditación y la indiferencia, que en numerosas ocasiones se torna difusa. Hay una escandalosa incoherencia sobre quienes se quejan de brazos cruzados. Y hay cosas grandiosas esperando en un futuro no tan lejano para quienes decidan sudar la camiseta. Es asombroso hasta el punto de ser hilarante sentarse cinco segundos a observar el paisaje. 

Esta vez no voy a narrar los hechos en sentido horario, sino como un conglomerado de sentimientos encontrados que salpica. Esta imagen vale más que mil palabras. Había una niña llamada Nicole que era prima de un alumno desde siempre John Kelvin, pero por lo que me comentó ella era de la selva y recién venía a estudiar por Santa Anita. Cuando me acerqué ella estaba de la mano de su tía y le pregunté si quería quedarse (Busca la verdad y actúa con coherencia); en realidad creo que no quería pero igual se quedó. Sabía que era desenvuelta, pero no quería participar, aunque no estaba ni triste ni decaída. De hecho, creo que se burlaba de nosotros. Sí, hacía eso exactamente. 
Esta era la última clase de inglés, la última vez que Nicole, Aarom, Sergio, Fabrizio y yo nos reuniríamos para enseñarles a los niños algo tan simple y a la vez tan complicado para ellos. Así que ¿Por qué no dar lo mejor? Eso intenté, pero no podía evitar distraerme y eventualmente hasta aburrirme. Llegué a pensar que preferiría estar en otro sitio. Creo que principalmente hubieron dos factores que contribuyeron a esa salida de planto astral. La primera era que sí pudimos controlar a los niños porque eramos cuatro profesores más la Miss Beatriz de inicial, así que mis movimientos y funciones posibles se vieron reducidos. Por momentos me vi relegada a un plano pasivo de observadora y no me sentí mal, solo aburrida. No hay forma de que hubiese querido protestar, porque sé que soy la peor en controlar masas humanas y mi voz no sirve para dar clases. 
Creo que el otro factor fue la actividad de las pelotas. Era un espacio abierto, con sol, los niños corrían por todos lados y como no era yo quien hablaba ni quien daba órdenes sinceramente no había mucho que hacer. Estaba aburrida. Sin embargo, tuve que admitir que las clases funcionaban muy bien, los niños se divertían, mis compañeros estaban haciendo algo que amaban. Debía esforzarme para intentar salvar la deuda con el universo. 

Creo que dentro de todo, si cumplimos con 6.Trabaja en comunidad. No es solo por el hecho de que ya no tengamos que pelarnos para organizar los sílabos o traer los materiales. Cada uno sabe el peso de las visitas a Llanavilla para los otros. Y si se generan espacios libres, alguna necesidad latente, simplemente acudir a ellas rompe el vacío estático de una tarde soleada de Octubre. 1.Conocerse, aceptarse, superarse. No solamente vemos por dar lo mejor de cada uno de nosotros, sino por avanzar en conjunto. No tendría sentido ir a dar lo mejor de ti para hacer la bitácora con más nota o para satisfacer necesidades personales. 

Sabemos que queremos implementar la educación en nuestro país, que no somos espectadores pasivos que se sientan a esperar los resultados de una prueba internacional estandarizada y luego se quejan de los bajos resultados de nuestro país sin siquiera mover un dedo. Y aunque no llevemos la preparación adecuada ni los mejores métodos estamos dando el 101% de nosotros. Ya superamos esa etapa de empalagarnos con sueños egoístas y avanzar cada uno por su lado. Ahora soñamos con cosas grandiosas. Vivimos en la realidad, tomamos lo que podemos y complementamos nuestras capacidades para brindar educación y esperanza. 

Estoy orgullosa del grupo de incial, de 4to "E", de la promoción 2015. De que seamos diferentes pero estemos unidos por el mismo motivo: construir en la Tierra la Ciudad de Dios. ¿No era eso lo que buscábamos? 

Regresando a clases nos tocaba hacer la actividad de la canción de los números. Ni Sergio se había aprendido la canción ni yo conocía la coreografía que en broma había accedido a enseñar. Creo que cumplimos parcialmente 5. Organiza actividades, porque a pesar de que no planeamos esta con anticipación los resultados a lo que propusimos en el momento fueron muy buenos. Aunque el parlante de Sergio también nos falló, utilizamos el máximo volumen de su IPhone para hacer esta especie de baila improvisado exagerado. Llamamos a todos los niños a bailar al frente y con una buena idea de Nicole, de chantajearlos con globos de colores, todos estuvieron dispuestos a bailar. Creo que ninguno de los profesores ahí presentes teníamos pensado improvisar pasos ni ver a un montón niñitos bailar como locos de una forma extremadamente adorable. Pero así fue y logramos que mientras bailaran realizar la cuenta de 1 to 10 varias veces, eso fue grandioso. 

A continuación, hablaré sobre los niños a los que me sentí más cercana durante la clase. 

Ella es Lunelba o Ludbella o Ludmella, la verdad no sé como se escribe su nombre. Es una niña muy dulce y tierna, suele estar alegre y sonriente aunque callada. No participa ni tampoco habla mucho pero su lenguaje corporal expresa todo lo contrario. Es tranquila y obediente pero a la vez traviesa. Tuvo un pequeño conflicto con Andrea y Kiara. No entendí el conflicto, pero creo que era una pelea entre amigas basada en la clásica "lealtad de amigas" propia de esa edad. 

En es Yafre o Jaffer, la verdad tampoco sé como se escribe su nombre. Al principio estaba muy triste y no quería levantarse de esa posición que se ve en la foto. No sé qué hizo la Miss Beatriz que lo convenció de salir a realizar las dinámicas con las pelotas. Después se puso muy contento y empezó a correr por todos lados. Además de ser un niño muy tierno también se ve que es muy inteligente, pues recordaba una conversación que habíamos tenido hace más de un mes. 
Este pequeño comestible es Kelvin. Me recuerda mucho a mi Jesús que nunca volvió (llanto ahogado). No es solamente tierno por su apariencia física sino por las cosas que hace. A pesar de que lo veo un poco inquieto y conflictivo (solo cuando está con Bruce) es muy educado con los profesores, a diferencia de otros niños. También es amable, abierto y bastante travieso y cariñoso. 

No tengo una foto de Kiara ni de Bayron, pero fueron otros niños con los que pasé más momentos la tarde de ayer. La primera es una niña tímida y frágil que parecía tener algunas dificultades para integrarse al grupo en el juego de las pelotas. Mi misión fue integrarla y quedarme con ella para que pueda superar esas dificultades. Es muy tierna, respetuosa, obediente... y a pesar de su corta edad intuyo que es también muy noble. El segundo tenía problemas con el juego de las pelotas pero también con el inglés. Creo que a principios del año escolar habíamos tenido esa charla, él tenía miedo de pronunciar mal en inglés. Pero trabajamos juntos para que pudiera decir "Apple" y sentirse contento. Noté que es un chico muy educado, dulce y con miedo a pedir. Al final estaba afligido porque Bruce no le quería dar la pelota, y no pude dársela pero temí que con el tiempo tuviera problemas con sus compañeros por esas características suyas que de ninguna manera están mal pero traen problemas de todas formas. 

 Por último Nicole, la niña con el uniforme de los leones que quería hablar inglés como Natalie Vertiz. Mi amiga agresiva que atentó contra la integridad física de José y vació mis pulmones con el GRACIOSÍSIMO juego de chapadas. Aquella que se negaba tanto a participar en todas las dinámicas y terminó integrándose por sí sola. No esperaba quedarme con ella esperando a que la recogieran mientras todos mis compañeros se iban a la playa de al lado a hacer juegos de líderes cristianos, algo que había querido hacer desde el primer día que pisé Llanavilla. Pero me encariñé con ella, a pesar de que no teníamos nada en común ni me recordaba a nadie en específico. Era traviesa, juguetona, un poco tosca. También muy honesta y abierta para contarme cosas como que ella era de la Selva y que no iba a aprender nada en este colegio. Al final me dijo que me quería mucho y eso siempre lo recordaré. 


A pesar de que no fueron los niños con los que había trabajado más a lo largo del año: Aarom, Thiago, Valentino, Jesús, Joseph, Dayanna y más me sentí muy afortunada de poder haber conocido a todos estos niños nuevos. Intento conservar sus características físicas y los más ponientes rasgos de su personalidad; los cuales en conjunto recrean la identidad  de cada uno en algún lugar del fondo de mi ridícula cabeza. Estaba más que claro desde que empezamos el proyecto que los niños no eran un proyecto, eran seres humanos. 

Todavía recuerdo la primera vez que pisé el establecimiento, había estado teniendo sueños recurrentes esa semana acerca de como sería la primera visita. Luego en el bus estaba emocionadísima aunque no nerviosa, y mi profesor Piero me dijo que no me pusiera nerviosa y me puse nerviosa. Luego sentí que todo se derrumbaba y jamás podría hablarle a los niños por mi miedo excesivo. Y aunque los días pasaron y la emoción de las primeras visitas se fue, el actuar como verdaderos ciudadanos del mundo se ha pasado a constituir un cimiento de quien soy ahora.

Solía envidiar a las personas que tenían belleza, dinero y poder en demasía; y ahora los veo en las calles y quisiera que pudieran experimentar algo así. También pude comprender gracias a esta clase que no se trata de divertirse al máximo en todas las clases ni llevarte la experiencia de tu vida en todas las ocasiones para que esto sea obligatorio. Es mandatorio a medida que tu creas que lo es, porque sabes que sin esto no eres nada o eres tan poco que no vale la pena ver el resto. Y gracias a la Miss Beatriz, que es una excelente profesora, aprendí de manera express cómo unas clases de inglés sí tienen sentido y repercuten en la vida de los niños. 

No hay nada más que decir, todo lo sentido y aprendido está dicho. Siento como si algo se descascarara. Bendito sea Dios por mostrarnos de una forma tan armoniosa que somos ciudadanos del mundo, pero que nuestra misión es construir la Tierra en la Ciudad de Dios. 


 

lunes, 29 de septiembre de 2014

Clase N° 12: No voy a decir adiós

Estaba segura de que no saldría de la clase con una temperatura saludable, pero me reconfortaba saber que muchos de mis compañeros tampoco. Valía la pena porque eran mis niños ¡Rayos! Era la última vez que les podría enseñar inglés. La última vez que me pararía en frente de la clase con un plumón a hablar como retrasada mental, la última vez que regresaría a casa de otro color, la última vez que me reuniría con mis amigos para hacer algo que más allá de todo sabíamos que habíamos aprendido a amar. La última vez que vería los ojos de los niños de Llanavilla encenderse y bailar en mi corazón. O al menos eso creía.

Esta clase no destacó por nuestro brillante desempeño como profesores de inglés. En efecto, el miedo por ver a la clase totalmente esparcida frente a mis narices y no poder hacer nada era tan grande. Fue nuestra culpa, lo sé, nuestra desorganización era digna de ser premiada. Es tan facil aburrir a los niños siendo yo o en este caso nosotros: Sergio, André y yo. En un principio los niños sí prestaron atención pero como no teníamos plan de clase terminaron por aburrirse e ir cada uno por su lado. Nuestros intentos por regresar sus mentes a tierra fueron inútiles.




Luego pasamos a una actividad en el patio que realmente no sé cómo resultó pues tres niñas: María Fernanda, Ludbella y otra cuyo nombre no recuerdo no dejaban de abrazarme agresivamente, hasta el punto de hacer imposible nuestra participación en la clase. Es tierno y a la vez frustrante. Pero intuí que la actividad que realizaban mis amigos tampoco había salido bien. Regresé al salón y me encerré molesta buscando un momento de paz.  Entonces encontré otra sorpresa.

Dos niñas: Rubí y Mariana, habían decidido simplemente quedarse y no participar en ninguna actividad. Se me salió el indio, por así decirlo, y las reprendí seriamente. Fue de manera educada, sin gritar, pero creo que lo bastante fuerte como para hacerles entender que estaba mal. Claro que actuaron como si no les hubiese importado y siguieron jugando. Entonces todo el alumnado volvió a entrar al salón y me llevé a Mariana para conversar en el patio. Ahí le pregunté si lo que había hecho le parecía bien y luego fluyeron un montón de palabra que inconscientemente había ido recolectando de todas las personas que en mi infancia me habían llamado la atención. La niña terminó por admitir que lo que había hecho estaba mal y entonces empezamos a hablar de Dios. La verdad es que para ese entonces me parecía muy absurdo que llamándonos "Ciudad de Dios" no hallamos tomado nunca un tiempo de la clase para hablar de Dios, fuera de las oraciones. Pero luego me di cuenta de lo fácil que era meterle una idea equivocada a la niña, ella no tenía que pagar por mis conflictos cognitivos. Fue muy lindo poder compartir ese momento con ella, porque sabía que todo lo que me decía era sincero e importante para ella. Me contó que ella había tenido sueños con Dios en los cuales el era muy bueno y la llevaba a un lugar muy hermoso, eso me impresionó. (Siente con la Iglesia y el mundo).

Pasamos un momento dibujando cruces en el piso con una varilla, le expliqué que Jesús había muerto por amor hacia ella y creo que la asusté. En fin, regresamos a la clase y tampoco salía bien. Felizmente llegaron otras dos compañeras: Nicole y Rocío. Creo que los tres sentimos que nuestra autoestima caía al sótano cuando ella logró controlar a todos los niños por sí sola de forma profesional. Supe que teníamos que complementarnos (Trabajar en comunidad) y fui a hablar con Rubí que no sé que tenía pero se veía muy mal. 

Pronto se realizó otra actividad afuera. Me quedé junto a Dayanne, una niña hermosa con rostro de conejito con la que era más cercana. Fue un momento divertido, un juego para fijar los números en inglés bastante simple. Luego regresamos al aula y traté de solucionar los problemas con Rubí y con otros niños un poco inquietos. Adivina qué, no lo logré y llegó el momento de irnos. Eso no era épico, no era la forma en que quería recordarlos, quería un final con fuegos artificiales y chispas de colores y confeti y escarcha. Pero me llevé algo muy bonito, no sé como empezó pero varios niños empezaron a darme el besito de despedida en la mejilla. Aarom, Joseph, María Fernanda, Kiara, Ludbella, Rasec y muchos mas. Fue un gesto tan lindo, no lo olvidaré. Justo cuando nos estábamos por ir Rubí empezó a llorar, pero nos fuimos. 

De regreso al colegio me puse a pensar en muchas cosas. Entre ellas, lo afortunada que había sido de poder vivir esta aventura con la gente que quiero. Esta travesía que empezó un 5 de abril y se convirtió en mi nebulizador y eventualmente en un recuerdo que siempre bailará en mi corazón. Hoy somos ciudadanos del mundo, almas confundidas, hambrientos y sedientos de justicia. Corazones con curitas, lenguas exaltadas, almas revoloteando sobre las calles grises de una Lima que vivió tanto. Con la imagen vívida de mis pequeños, flotando a través del ejército de los niños, con las lágrimas más hermosas que son las del punto intermedio entre la depresión y el éxtasis. Con tantos sentimientos encontrados y las ganas salvajes de agradecerle al universo de todas las formas que el universo me permita ¿Cómo puedo dudar de Él? Si canta para nosotros todo el tiempo, pero estábamos sordos y no podíamos oírlo. 

No voy a decir adiós, porque este no fue un proyecto de colegio un poco complicado, Las personas que conocí gracias a esta experiencia son mis amigos, diminutos y honestos hasta el punto de hacerme llorar. No estamos locos por llamar amigos nuestros a niños de cinco años que viven tan lejos en tantos sentidos, estamos vivos. Y los amigos son para siempre, no para pasar el rato. Entonces no voy a decirles adiós, no tendría cara para hacerlo. Tengo tanto que agradecerles a ellos y al universo y en especial a Santa Rosa de Llanavilla, que me enseñó a amar las simplezas de la vida y no buscar  solo las excentricidades. Gracias Padre, gracias, supongo que seguiré amando lo que no puedo entender. Y también debo agradecerles a mis compañeros de batalla, aquellos que hicieron la carga de la cruz menos pesada, aquellos con los cuales me fui derritiendo ante la inminente verdad. 

Erase una vez, hace no mucho tiempo atrás,  una aldea salvaje y sureña en el kilómetro 73 de la Panamericana Sur...

Buenas noches.

lunes, 1 de septiembre de 2014

Clase N°09: Una dulce cachetada de amor

No estaba esperando eso. Había olvidado lo que se sentía esperar con ansias cada sábado para poder salir y experimentar lo más cercano a felicidad que podía conocer. Pero aun así estaba ansiosa por llegar.

Recuerdo cuando nos dijeron que desde la próxima mitad del año solo tendríamos dos visitas a Llanavilla por bimestre. Todos pegamos el grito al cielo. Era injusto, algo infame, una aberración, un sacrilegio. Con qué derecho nos pedían trascender si el tiempo lo absorbería más horas frente al computador estudiando lo que sea en vez de experimentar en tiempo real en el kilómetro 73 de la Panamericana Sur. No tenía sentido, tenían que estar delirando. Y encima nos imponían compartir el proyecto con otro salón. Hubieron diversas reacciones; desde quienes se oponían totalmente hasta a quienes sugerían abrirle los brazos a 4to "D" en este nueva aventura, luego de que su proyecto en la Casita de la paz les fuera suspendido. En lo personal, no es que estuviera en contra de esta decisión, pero tampoco me encantaba. Sabía cuál debía ser mi forma de pensar; y sin embargo no podía quitar de en medio ciertos roces y resentimientos con algunas personas del otro salón. También recordé que la última vez que vinieron los del grupo de apoyo terminó siendo la peor clase del año. Más carbón al fuego. Puede que no sea una persona que exprese sus sentimientos, pero eso no significa que esté vacía todo el día  flotando en Nirvana. Hay ciertas sensaciones que no puedo solo ignorar.

En fin, llegó el esperado día. Teníamos tantas ganas de ver a los pequeños. No obstante, seguimos sin coordinar bien el plan de clase. Esta vez fue incluso peor pues solo las coordinadoras de inicial se reunieron para idear el silabo. No había una unión verdadera entre ambas comunidades, ni siquiera nos acercábamos a ser una sola. Pero en fin, en el bus se aclaró cuáles serían las actividades con los niños y entramos en un estado de mayor unidad. Aunque después de eso, cada uno por su lado. Sé que aunque tengo tanta culpa de eso, aún me falta motivación para buscar un encuentro en comunidad.

Llegamos al salón y ¡Oh, sorpresa! No había nadie. Quizás habíamos llegado demasiado temprano. O quizás ellos no vendrían. Sin embargo, sí vinieron. Pocos, pero vinieron. Entre ellos estaban Kelvin, Yumi, Sully y Michael, quienes se sentaron en la mesa que Liani se dirigió. No me sorprendió que supiera como tratar con los niños como si fuera una profesora de verdad, me lo esperaba, pero igual fue asombroso. Tiene ese mismo don que Nicole para convencer a todo el mundo de que las escuchen. 

De igual forma, eran muy pocos para empezar la clase, así que salí en busca de más niñitos. Cuando Claudia y yo estábamos llegando a la puerta , desilusionadas, una niña de aproximadamente ocho o nueve años se me aceró y me preguntó si yo era la profesora de inicial. Le dije que sí y ella llamó a su pequeño amigo. Él me contó que su hermanito estaba en incial pero era su primer día y tenía mucho miedo, no quería ir. Entonces fue... vi su cara y le dije ¿Tu hermanito es Alonso, verdad? El asintió. Me metí al aula que estaba al costado y detrás de la puerta encontré a un pequeño y hermoso niño llorando, agachado y entumecido. 

No recuerdo qué le dije, ni qué hice pero el punto es que salió (creo que lo asusté más). Fue de la mano con su hermano mayor hasta las aulas de inicial. Claudia y yo los seguimos. Lo reconocí casi de inmediato, el parecido es innegable. Ese pequeño niño a quien conocí por primera vez cuando el alumnado de Llanavilla vino al colegio para tener unas clases diferentes, hace tanto tiempo, casi dos meses. 


Habían cambiado muchas cosas para mí desde esa fecha, pero al parecer para él no. Se despidió de su hermano con un abrazo y un beso y luego se recostó sobre sus brazos con expresión de dolor en el rostro. Como me suele pasar, me obsesiono con un niño y no lo dejo en paz. Le pregunté qué le pasaba y me dijo que "Quería dormir". Cuando lo pronunció, no quise imaginar el monstruo detrás de la cortina. No quería adivinar que oscuros secretos se encontraban dentro de ese precioso niño. En parte, porque quizás solo fueran los monstruos de mi imaginación. Pero ¿Y si no lo fueran? ¿Por qué en la Tierra alguien obligaría a su hijo a no dormir? No quiero saberlo. 

Al final no vinieron muchos niños así que sí fue fácil mantenerlos controlados y organizar mejor las dinámicas. Fue genial la rapidez con la que Liani, André (Teddy) y Claudia se adaptaron. Sobretodo los dos primeros, ya que al principio de la clase Claudia fue coordinadora y ellos se presentaron como los nuevos profesores introduciendo el tema de las frutas y los colores de forma creativa. Compartí la mesa con Teddy y la pequeña giganta Sashenka y el dulce y diminuto Juan Diego. Él se supo ganar el cariño de los niños con su tipo adorable y honestidad para llegar hacia ellos. 


Así llegaron las dinámicas, que salieron geniales principalmente gracias a Liani y a Nicole. Ellas juntas simplemente son como dos profesoras entrenadas de inicial. Creo que los niños los disfrutaron y reafirmaron los conocimientos del bimestre pasado. 


Sin embargo, lo que  para muchos fue una grata diversión, para otros fue otra oportunidad para sentir angustia, ansiedad y temor. Últimamente me he obsesionado con cómo algo puede ser hermoso para alguien y a la vez horrendo para otras personas. Este es uno de esos casos. 

Supe que Alonso no se estaba sintiendo cómodo cuando colocaron una imagen en el suelo y todos los niños instintivamente corrieron formando un círculo del cual Sashenka sin querer lo apartó, bloqueó y eventualmente no dejó pasar. Él estaba triste, mirando desde afuera hacia adentro; y por alguna mágica coincidencia yo conozco esa sensación. Algunos pensarán que es una tontería, pero para ciertas personas eso no cambia de la noche a la mañana con la pubertad. A veces es una especie de enfermedad degenerativa de la que curiosamente no puedes salir. No es sencillo ni agradable ni soportable; es una opresión constante e invisible que no tiene explicación racional. Él me miraba con los ojos más redondos, me decía  tímidamente "No puedo ver nada".

Otra actividad: salir corriendo y tocar un color. Alonso apenas se movía. Otra actividad: Liani explicando la clase de los colores con un panel muy colorido. Todos los niños la observan atentamente y mi pequeño Alonso se queda atrás, así que me siento a un costado y lo subo sobre mis piernas. Kelvin también se sube y agradezco a Dios que me haya dado vida suficiente para poder experimentar algo así. A diferencia de Alonso, Kelvin es hiperactivo. Anteriormente le había quitado un palito con el que jugaba porque no prestaba atención y me empezó a jalar mi ropa para que se lo devolviera. Cuando lo hice empezó a dar vueltitas y hacer movimientos extraordinariamente adorables. Terminó la actividad y regresamos al salón.

De hecho, habían más dinámicas planeadas incluyendo un refrigerio. Pero no se pudieron llevar a cabo pues el taller de Hidroponía de los alumnos de quinto año ya tenía que empezar. Retiramos los materiales y nos alistamos para ir al feedback. Entonces me acerqué a Alonso y le dije ¿Me das un abrazo? Él estaba sentado con esa adorable casaca azul; extendió sus bracitos y con ellos rodeó mi cuello. Quería morir de ternura, lo apreté más. Eso fue suficiente para hacerme feliz. 

Salimos rumbo al patio trasero, donde iba a ser el feedback. Ese era el primer feedback para nosotros los chicos de inicial; y era la primera vez que dos salones compartirían uno. Me sorprendió que no quedara nada de la aversión colectiva hacia compartir el proyecto que hubo cuando nos lo anunciaron. Si hubieron llamadas de atención, correcciones, halagos o sugerencias todas fueron hechas con amor. Entonces supe que a pesar de todas las diferencias que en teoría "nos separaban" estábamos todos ahí reunidos con nuestros corazones inquietos a la expectativa de hacer el mundo mejor. Una sola alma y un solo corazón en Dios. Juntos, con nuestro padre, buscando el verdadero sentido de nuestras vidas. Compartiendo talentos con el prójimo de la manera más honesta y maravillosa.


¿Por qué hacer un mundo mejor? ¿Qué tiene de malo el mundo en el que vivimos? Por fin, después de salir de esa tierra majestuosa lo logré ver. Estuve en el lugar donde los perros y los niños comparten el mismo plato, donde uno bebe del agua donde se lava las manos, donde poquísimos poderosos buscarían belleza. Porque entre la arena deprimente sin rastro de vegetación y los muros que marcaban el límite con una playa salvaje y salitrosa, habían decenas de llantas pintadas de hermosos colores. Padre, había belleza en la inocencia y la honestidad con la que esos niños entregaron su tiempo para recibir una clase de inglés sin saber que estaban cambiando nuestras vidas para siempre. Había tanta hermosura que se humedecen mis ojos. En el olor a talco y sudor mezclado de sus cabecitas, en los jabones líquidos de colores y perfumados,  en cada botón y cierre de esas diminutas casacas, en el olor de un mar que no conoce imposibles y cada una de sus sonrisas con caries. Hay belleza donde hay amor. ¿Por qué cambiar el mundo en el que vivimos? Porque desafortunadamente muchas personas han olvidado al amor. Han olvidado que este perfectamente puede estar en una ciudad naciente a 73 km de la Panamericana Sur. Donde los niños comen con los perros y se bebe el agua que primero lavó tus manos.

Hay un conflicto mental entre vivir la vida como un juego, porque aparentemente nadie encuentra a dónde pertenece. Pero también existe la posibilidad de que haya una razón para cada sufrimiento, cada verdad y cada alma a punto de romperse. El problema es que si sigues la primera y te apartas un poco del punto de partida corres el riesgo de acabar en el desahuciado libre albedrío y eventualmente en la mentalidad de Camus del suicidio colectivo. Quizás no sé mucho de historia universal ni conozco miles de contrargumentos contundentes para defender a nuestro de Dios de los que aún no creen. Pero son la fé, la imposibilidad de concebir el mundo sin él, la firme convicción de que cada niño de Llanavilla está destinado a algo grandioso los que me harían dar la vida por Él.

Gracias Padre Nuestro, por esta oportunidad.
Buenas noches.



jueves, 7 de agosto de 2014

Interminable caminata de Confirmación

Han sido tiempos difíciles desde la última vez que escribí una bitácora de CAS. Cuando mi mayor preocupación se la han disputado un examen largo de química, una bendita gastritis y la búsqueda de una aguja en un pajar. Difíciles en verdad, he sido una mártir, merezco un minuto de silencio.









Bajo la cabeza avergonzada, sabía que Fray Elías tenía razón cuando nos lo dijo, pero no entendía hasta qué punto era cierto que creía tener tantos problemas pero no tenía ninguno real. Ni uno solo; y ese es en realidad mi único problema.
Así que después de tanta abstinencia de CAS  y bitácoras que eran mi nebulizador nos encontramos con otra dulce experiencia que nos abría sus puertas un día después de que terminaran los exámenes finales. El debate interno fue casi inmediato, de alguna forma me sentía en la obligación moral y espiritual de ir.
Tomé esta fotografía junto a mi amiga Jennifer en el bus camino a algún lugar de Chosica. Quisiera aclarar que cuando dijeron que el otro nombre del paradero final era "No sé qué de Surco" me desilusioné pues me parecía emocionante un largo viaje en bus escuchando música. Si tan solo hubiera sabido lo largo y pesado del camino que me esperaba. No, no era Chosica, tampoco era algún lugar remoto de Surco, después de viajar por más de tres horas y hacer la primera pero no última parada descubrimos un letrero que decía "La oroya" y al costado una flechita que señalaba los cerros. Esta parada era para los que tenían una emergencia con el baño, que según me contaron era casi un silo.
Creo que todos los que asistimos a la caminata cumplimos con la experiencia 4. Se compromete y se esfuerza. Pues hasta donde sé, magullados y exhaustos en toda su expresión, todos completamos el recorrido.
Al principio no se me ocurrió que podía estar en un lugar hermoso. solo trataba de enfocarme en salir lo más limpia y saludable de ahí, bastante inmaduro. Y bastante lejos de la realidad, jamás imaginé que escalaríamos montañas. Bueno, no escalamos montañas, pero literalmente subimos entre ellas y habían partes del camino que eran solo piedras. Y literalmente me agoté cuando terminamos de recorrer la ciudad, fue entonces cuando deduje que ni siquiera habíamos empezado la caminata. 
Ni Jennifer ni yo estábamos mental ni físicamente preparadas para eso. En serio, todavía puedo recordar todas las clases de educación física en primaria cuando siempre fuimos suplentes en todos los partidos habidos y por haber, sentadas lejos del movimiento y observando desde afuera. En un inicio fue como volver a primaria, pues en mi comunidad casi todos eran deportistas.
Olvidé mencionar que de todos los que vamos a Confirmación, que seremos el 85% de la promoción, estamos divididos en dos grandes grupos. Y dentro de ellos pertenecemos a mini-comunidades de 7 a 8 personas. En nuestra mini-comunidad casi todos demostraron que tenían resistencia. Uno de nosotros no fue muy amable cuando nos dijo a Jennifer y a mi que no nos quería esperar, nada personal pero igual contradictorio. Así que anduvimos en silencio una gran parte del trayecto, quizás haciendo catarsis interna, al final de la fila. Hasta que simple y sencillamente las piedras fueron demasiado grandes y la propuesta de quedarnos atrás demasiado tentadora. La remató el grito de alguien que sentenciaba que faltaban 8 km. 
Ahora me parece gracioso como no me detuve a admirar el paisaje, estaba tan concentrada en llegar a la meta sin quedarme atrás y ahorrarme frustraciones extra que sentía que no podría tolerar. No contemplé la belleza que me rodeaba y de seguro también me ahorré la diversión del trayecto en sí. Esa es una lección que definitivamente aplica a la vida real, a como ponemos todo de nosotros en un fin y olvidamos disfrutar del proceso, que podría ser el fin en sí mismo.
No conozco mucho de Lima y menos de la carretera que conduce a la Sierra, pero me puedo hacer una idea gracias a lo que finalmente vi. Era un lugar de hermosura honesta, parecía que la naturaleza me echara en cara que en estado puro nadie le podía hacer la competencia. Lo dice una chica que escasas veces ha salido de la ciudad. Para abreviar, era una cuesta arriba llena de verde, marrón y azul si mirabas hacia arriba. El camino no estaba hecho en numerosos segmentos e improvisabas saltando sobre las piedras o esquivando pequeñas corrientes de agua. Fue una grata sorpresa encontrar al mirar por el precipicio a unos burros pastando, todavía no entiendo porque nos emocionamos tanto con esa escena. Y el sol, era reconfortante e  insoportable de una manera lúdica.
Hicimos algunas paradas junto a Fray Hans, nuestro catequista, antes de la separación. En ellas primero nos explicó la "Ley número uno del peregrinaje": Trae solo lo indispensable y esto. Tiene mucha razón, nunca es bueno estar cargando un bolso enorme lleno de cosas que si las analizo del lado subjetivo son mis inseparables pero en realidad se puede sobrevivir perfectamente sin ellas. Tal vez a principal razón es que nunca sabes con qué te encuentras en la siguiente curva, quizás tengas que hacer cosas como saltar piedras en grupo. Que sea una subida colectiva complica las cosas porque no te puedes tomar el tiempo que necesitas; ya que todos avanzan al mismo tiempo y de detenerte podrías caerte o peor, hacer caer a alguien. Sobretodo si tienes a un precipicio sin seguridad a tu costado. 
Antes de volver a partir Fray Hans nos recordó que nadie podía quedarse atrás, pues la prioridad era avanzar en comunidad. Nadie protestó. Seguimos avanzando y cuando él vio que necesitábamos tomarnos un descanso (y a él le urgía uno también con seguridad) descansamos de nuevo y nos leyó un pasaje. Luego explicó muchas veces creemos solucionar nuestros problemas nosotros mismos, pero siempre necesitamos de Dios y digamos que sin él... nuestros intentos dan risa. Bueno, no, MIS intentos dan risa.
No calculé cuanto tiempo estuve sin hablar sacándome tierra de los ojos para poder determinar sobre que piedra poner un pie, cuando noté que Jennifer tenía mayores dificultades y Fray Hans la jalaba para que avanzara. Mientras los esperamos a alguien se le ocurrió tomar un "selfie" en el que por supuesto no salimos. Sabía que no quería salir en una foto por motivos que entiendo, pero me sentí mal de rechazar a mis compañeros, con quienes si bien es cierto no guardo una relación de amistad estaban en ese momento haciendo lo mejor que podían para subir cerro arriba.
El camino se puso peor después de eso y empecé a notar la diferencia de metros que se marcaban entre ellos y yo. De vez en cuando Fray Hans volteaba para decirnos que nos mantuviéramos juntos pero realmente me sentía exhausta También era consciente de que Jennifer estaba mucho más atrás que yo. Entonces alguien gritó "¡Todavía faltan ocho kilómetros!". Por estar pensando en qué decisión tomar tropecé y me golpeé contra las piedras ardientes. Simplemente me hice a un lado y dejé que la otra comunidad avanzara esperando a Jennifer. Para cuando me alcanzó y se sentó angustiada en una piedra más abajo ya veía a lo lejos a nuestra comunidad. Esperé unos segundos antes de avisarle que deberíamos alcanzarlos. Ella me dijo "Ve tu si quieres, yo me quedo". No entendí por completo porque su frustración era incluso el doble de la mía , pero no me importó. No iba a avanzar porque a)Quizás no los alcanzaba b) Me sentiría muy solitaria con ellos avanzando a su paso  c) No iba a dejar a mi amiga y menos en ese estado. Nos sentamos en silencio y pasaron otras comunidades. Se nos unió Katherine Pohl, ella tampoco quería avanzar y menos sabiendo que faltaban ocho kilómetros. Hicimos mucho tiempo hablando de lo que sea y luego decidimos que de verdad necesitábamos avanzar. Nadie se quería quedar totalmente atrás en medio de los cerros, a ocho kilómetros del destino final, en unos cerros (o montañas) totalmente desconocidos en La Oroya al costado de un precipicio.
Lo más gracioso e inesperado fue que al dar la vuelta y terminar ese tramo nos encontramos con un camino modificado por la mano humana, plano, por el que se caminaba sin el menor esfuerzo. Sentimos la ironía como una dulce cachetada. Unos cincuenta metros más abajo había una especie de glorieta y al costado el descenso al destino final.
Esto fue lo que encontramos. Una cascada preciosa. No era Iguazú ni nada semejante, de hecho en un concurso en esa estación del año quedaría entre los últimos puestos. Pero seguía siendo hermosa, tanto objetiva como subjetivamente. Nuestra comunidad se encontraba reposando en el pasto, nos unimos a ellos con las heridas de las caídas, la manos llenas de tierra y unos helados de vainilla de dudosa procedencia que un señor vendía por el lugar. Tuvimos una especie de compartir sin resentimientos. Fray Hans nos dijo con una sonrisa culpable que nos habían estado esperando. 
Luego vino Miss Paloma y nos habló sobre la experiencia. Precisamente me preguntó a mí qué había aprendido de la caminata. Le respondí que aveces llegar con el grupo es más importante que avanzar rápido para llegar antes. No buscaba sacarle en cara nada a nadie. Me dio la razón y mientras explicaba que el objetivo era llegar en comunidad supe que lo más probable era que yo hubiera hecho lo mismo que ellos, quizás no con la intención de llegar primero pero definitivamente sin el valor de decir "Esperen, alguien se está quedando atrás" ni las ganas suficientes para hacerlo. Pero algo bueno aprendí sobre sentirme relegada de nuevo. Pude entender por lo que compartieron los otros miembros de mi comunidad que se habían estado apoyando entre ellos para subir y que incluso se habían cargado las cosas. Me alegré por ellos, honestamente, pero no pude evitar sentirme tan... yo.
De pronto tuvimos que regresar. Eramos de los primeros grupos en salir y ya nos tocaba regresar. La bajada fue mucho más ligera, básicamente por ser una bajada. Pero también porque Fray Hans se quedó a esperarnos a Jennifer y a mi (algo le decía que nos demoraríamos más de la cuenta otra vez). En el trayecto nos contó su historia, una que jamás habría imaginado. Tenía un gran amor en la secundaria, el cual perdió por haberla traicionado en la fiesta de promoción. No alcanzó a pedirle perdón porque la chica era asmática y falleció unos días después cuando la casa de sus vecinos se incendió y sus pulmones no pudieron con el humo que inhalaba mientras dormía. También nos compartió otros puntos interesantes de su vida. Definitivamente la bajada fue mejor que la subida porque: nos reímos más, pude apreciar el paisaje y tomarle fotos y compartimos algo con nuestro catequistas y... se sintió muy bien, muy humano. Una frase de una canción del grupo OneRepubic se quedó rondando mi cabeza "Pies temblorosos, no me fallen ahora, correré hasta que no puedas caminar". 
El regreso en bus no fue un momento propicio para descansar, pero al final me di cuenta de lo reconfortante y humano que era atravesar en comunidad momentos de dificultad y una vez terminada la tormenta, sanar y cicatrizar juntos nuestras heridas. Hacía que la esperanza de vida fuera casi tangible. "Una sola alma y un solo corazón en Dios".
A medida que fui creciendo supe que sería el tipo de persona que nunca tendría muchas personas alrededor. Me encerré, abracé esa condición y por completo me volví en contra de cualquier experiencia que implicara vivir en comunidad. Ahora puedo ver con claridad los signos de inmadurez e intolerancia que emitía en intensidades radioactivas. Simplemente no funciona así, después de esta experiencia dudo que vuelva a subestimar el conocimiento compartido y colocarlo debajo del conocimiento personal. También puedo ver que, aunque no intencionalmente, me alejé de Dios tanto por este motivo. Necesitaba verlo a él, tener la convicción firme de que está en el corazón de cada persona que me rodea y también en el mío; y solo entonces las cosas comienzan a cobrar sentido. Por eso creo que cumplí con la experiencia 1. Conocerse, aceptarse y superarse. Veo mis horrores desde una perspectiva más alta y reconocerlos y palparme y saber que sigo viva hacen que vea con otros ojos todo el universo. Este es sobretodo el aspecto que más me costará corregir, porque una cosa es identificarlo y otra muy distinta es aceptarlo en su totalidad y superarlo. Pero creo que es un buen momento para empezar, después de regresar de aquel lugar tan místico.
Solía tener fugaces visiones recurrentes de una vida tragicamente solitaria. Pero con todo lo vivido alrededor del año y principalmente después de esta caminata por fin comprendo que no soy la única. No quiero decir "Mal de dos es menos atroz", pero sé que si nos unimos y sobretodo ponemos a Dios en el centro de nuestra relación sencillamente será magnífico. Estoy dispuesta a compartir la "cruz" a pesar de que termine cargando más peso del que pueda soportar. De verdad lo creo. Hay tres fotos en el colleague, dos son de antes de llegar a la cascada y una, la derecha superior, es de antes de regresar. Esa es la única en la que salimos todos juntos y creo poder afirmar (Y espero no equivocarme) que no volveremos a ser una comunidad tan desunida. Esta imagen fue tomada desde el celular de Ana Paula Delgado y la publicó junto a la frase "La fuerza reside en las diferencias, no en las similitudes", de Stephen Covey. Pienso que a pesar de que estuvimos distanciados durante caminata, los eventuales hechos nos llevaron a todos a reflexionar sobre lo que esperamos en la vida y sobretodo, nos condujo a replantearnos la importancia de ser una comunidad. Eso hace que nos identifiquemos con la experiencia 6.Trabaja en comunidad. 
Por último. Está bien, pude haber tenido conocimiento de muchas de las líneas que anteriormente escribí. Quizás en un folleto de feria, en la Iglesia, en un actividad religiosa, en Catequesis, en Tutoría, etc. Pero entonces no significaban casi nada para mí. Siento que en parte me identifico con la experiencia 2.Busca la verdad y actúa con coherencia. Quizás estoy equivocada, pero creo que eso se debe a que desistí de encontrar todas las respuestas que buscaba por mí misma y empecé a buscar en los demás. En este caso en mi catequista Fray Hans y en Jennifer y en una señora que vendía ciruelas tirada en el suelo. Simplemente siento que abrí un poco más los ojos y no voy a ignorar esa sensación de saber que hay mucho más a la vuelta de la esquina, por lo que de ninguna manera puedo permitirme volver a encerrarme así.
Eso es todo, gracias Dios por habernos permitido vivir esta inigualable experiencia.
Buenas noches. 



viernes, 4 de julio de 2014

Clase N°08 y periodo de descanso: ¿Dónde estas, Dios?

No sé porque he empezado a escribir esta bitácora después de medianoche, creo que necesito ir a Llanavilla con urgencia y recordar porqué vale la pena vivir. Puede sonar a dramatismo puro o a una niñería pasajera, pero no estoy escribiendo esto con el corazón roto. Mucho peor: lo hago con uno de plástico, de piedra, de hielo, de goma, de lo que sea menos de lo que debería ser. Porque lo que estoy haciendo es pecado y lo hago muy a menudo sin siquiera tener la intención de hacer algo malo: estoy expulsando a Dios de mi vida sin querer queriendo. Estoy endiosando a un montón de ídolos y dejándolo a él en un segundo plano, donde de ninguna forma merece estar. Perdóname Dios mío, por perder el contacto contigo y por ser débil. Ya he podido comprobar que sin él las cosas sencillamente no funcionan. Es absurdo y a la vez  casi científico como las piezas se van armando de tal forma que van a caerse inevitablemente, cuando lo expulso de mi vida. Quisiera poder acceder a esa sensación real otra vez, sin tener que alejarme de Dios.
Esa clase la esperábamos con impaciencia, porque sería la clase en la que los niños de Llanavilla vendrían al colegio. Ansiaba tanto ver cómo sus rostros cambiarían cuando vieran las grandes instalaciones. Ellos se veían muy felices y extremadamente curiosos con todo. Además, al haber reservado el anfiteatro de inicial  casi no podían controlar sus impulsos de ir a los juegos. Pero había que empezar la clase.
La primera actividad consistía en distinguir colores de frutas. Pude conocer a una niña llamada Andrea que me parecía graciosa, era delicada y femenina; es la consentida de Aarom, dice que se parece a su hermanita. Por otro lado traté de acercarme a Thiago pero se comportaba distante y yo no entendía porqué, si la clase anterior había estado tan ameno. Jesús, por su parte, rompió el record de ternura con un saco súper gigante y abultado. Pero es difícil hablar de temas profundos con niños, al menos a mí me resulta así. Fue desconcierto y alegría inmensa ver que nuestro tutor Piero logró calmar al pequeño Valentino con una charla.
Después vino la segunda actividad, que estuvo llena de magia para los niños. Me sorprendió la creatividad que tuvieron Aarom y Sergio para este proyecto y la entrega de Aarom para disfrazarse de payaso, siendo él mismo quien propuso la idea. Los niños parecían disfrutar y eso nos alegraba bastante. Habían un pequeño llamado Alonso que no quería participar en las actividades; mientras la mayoría se fue corriendo tras el payaso yo me quedé con él y traté de animarlo. Le dije un montón de tonterías cursis que probablemente ni entendió pero intenté bajo todos los medios que se me ocurrieron hacerle entrar en confianza. Al final logró hacerlo y se integró junto a Thiago y a Jesús. Luego Thiago y Alonso se pusieron a dar varios volantines y no puedo explicar lo tiernos que se veían como pequeñas bolitas humanas rodantes. Luego nos dimos un abrazo colectivo que se sintió muy bien. Además, vino una profesora de inicial llamada Beatriz que era una experta en controlar niños ¡Hacia magia! Gracias a ella pudimos culminar las actividades y de paso aprender algunas técnicas. Por ejemplo, si un niño no presta atención hacerle saber que por su culpa se retrasa la actividad.  También tener autoridad y no tratarlos de igual a igual
 
 

viernes, 20 de junio de 2014

Clase N° 07: Valió la pena aguantar la respiración

No me encontraba muy bien de salud en el largo camino a Llanavilla; quizás se me hizo demasiado largo con el malestar que sentía. Sin embargo, valió la pena ir "en dolor" y aguantar la respiración toda la semana para poder experimentar lo más cercano a felicidad que puedo encontrar desde hace un buen tiempo.  No, no es ninguna especie de floro sentimental; de hecho es más honestidad de la que me gustaría admitir. Yo no sé que son el dolor ni el sufrimiento reales; pero de alguna forma creo intuir que si hay algo hilarante sobre la situación es que sin ellos tampoco conoceré el amor y la felicidad verdaderos. Ir ahí todos los sábados (bueno, tampoco es que tuviera algo que hacer todos los sábados en años anteriores) es como ponerme un nebulizador después de haber estado aguantando la respiración toda la semana. Desde luego que altera mis horarios y cosas así, pero la recompensa es mucho mayor, aunque no siempre logre recordarlo. Obviamente estoy a años luz de ser la mejor profesora de inglés que los niños puedan tener, ni tengo carisma, ni puedo hacerlos reír. Pero sí hay algo que puedo hacer, Sergio me lo hizo entender, y es amarlos lo mejor que pueda. Dentro de mi mente primitiva, mi egoísmo y todas las limitaciones; voy a intentarlo como nunca antes lo había hecho. Solo entonces sabré que estoy haciendo algo BUENO. Algo IMPORTANTE. Algo REAL ¿Por qué es importante, bueno y real?
Esta clase me aterraba en particular, porque era la clase en la que solo iríamos Fabrizio y yo. Si tuviéramos que hacer un orden de quien desempeña mejor los cargos, creo que todos estaríamos de acuerdo en que primero se encontraría Nicole y luego se la disputan Aarom y Sergio. ¡Pero Fabrizio y yo tenemos problemas! No habíamos ensayado la programación de la clase y los terribles resultados de mi clase improvisada con Aarom casi un mes atrás venían a mi cabeza con imágenes rápidas, y esa sensación de presión en los puños y debajo de la clavícula... ¿Tendría que soportar otro resultado así?
Para nuestra sorpresa, nos cambiaron de salón a uno más espacioso que explotaba la creatividad de los niños. No sé como pero logramos calmarlos y entre Carolina y yo dimos las primeras clases. Claudia Tello se ofreció como voluntaria y se quedó cuidando una mesa; mientras que Fabrizio, Carolina y yo rotábamos entre las mesas. En realidad fue bastante sencillo, pero aún así nos demoramos porque los niños tenían que fijar los conocimientos sí o sí ¡Era la clase N°07!
Al final concluí que si evaluábamos la clase de un punto de vista académico habría estado de regular para mal. Pero fue una experiencia enriquecedora, porque tuve la oportunidad de dar cariño a niños que creo que lo necesitaban. Es una larga historia...
Y bueno, como se aprecia en la foto, mi pequeño Jesús asistió a la clase ¡Y me dijo que su mamá no quería que yo me acercara a él! Traté de respetarlo pero él de todas formas venía y me decía cosas que entendía parcialmente. Me confesó que en su casa le pegaban y que su hermanito le había hecho un moretón en la boca. No sé hasta que punto es normal porque nunca antes había convivido con niños salvajes de tres años.  Entonces traté de acercarme a él y cuidarlo; le dije que le saldrían gusanitos en el estómago porque ¡Estaba tomando agua del balde donde los niños se lavan las manos! Me horrorizan los métodos higiénicos de Llanavilla, los niños deben tener parásitos y que no lo manifiesten no significa que estos no les hagan daño. Bueno, ese es un punto aparte. El punto es que el pequeño Jesús al final "¡me abrazó y me dijo que me quería algo!". Es un progreso, fue hermoso.
Otro niño al que me acerqué fue Aarón, él es obediente, respetuoso, adorable, lúcido y aprende con facilidad. Además, le compartió sus galletitas a Dayanna. Siempre avisa cuando alguien está causando desorden y hace preguntas interesantes. Pero no es un niño presumido que utiliza sus dotes para manipular; por el contrario, parece muy noble e inteligente.
Otro de mis temores era que los niños se cerraran y no pudieran compartir algo de su interior con nosotros. No quería que se dispersaran y solo pasaran las clases, necesitaba tocar su fibra sensible y conocerlos un poco más individualmente. Decidí que la mejor forma de llamar la atención era treparme  a la mesa y hacer temblores de mentira con mis manos, creo que no salió mal. Mi mesa estaba conformada por Kelvin, Aylín, Rubí, Abigail, Dyanna y otra niña más cuyo nombre no recuerdo.  Ella y Rubí parecían ser muy amigas y jugaban toda la clase una con la otra a peinarse y abrazarse. La de polo lila y ganchitos blancos, Rubí, cambió drásticamente de la niña tímida que conocía dos clases antes. Esta vez se desenvolvió muy bien, participó de manera correcta en la clase y también se dirigió varias veces a mí directamente. No sé como llamarla... ¿Justiciera? o tal vez asertiva, o acuseta en un buen sentido. Era la niña que venía y me decía "Ella está haciendo esto..." o "El niño no puede hacer esto..." o "Mira lo que ha hecho...". Por otro lado, reconozco su habilidad para memorizar el vocabulario, era una de las mejores en eso en el salón. Otra niña con características similares era Dayanna, ella recién se incorporaba a las clases sabatinas pero se adaptó con rapidez. Es muy cariñosa e independiente; al igual que Rubí, gusta de expresar sus opiniones. No sé si es mi imaginación, pero me da la impresión de que ella y Aarón tienen una linda amistad. Otra niña que me llamó la atención quizás por un motivo personal fue Abigail. Ella es una niña muy pequeña, incluso en comparación las otras niñas de su edad, me recuerda a alguien. Podría incluso decir que es bastante tímida, aunque ya no sé como funciona con los niños porque una clase se pueden mostrar retraídos y la siguiente desenvueltos. ¿Eso es normal? Debo recordar que esto no es un experimento de biología.
En otra mesa estaba María Fernanda, ella me preocupa porque en todas las clases está aburrida y triste. Al principio creí que era un capricho pero ahora ya son tres clases que va de esa forma, o quizás más. Trato de preguntarle que le sucede, pero solo me dice que se aburre y que no desea estar ahí. ¿Qué le estará pasando? Hay otra niña que se llama Maricielo que no habla para nada, puede que sea por su corta edad y el hecho de estar con niños más grandes que ya interactúan entre sí la aterra, pero no sabía si los niños a esa edad suelen comportarse así. Los demás niños de tres años sí hablan. Tocando ese tema, Valentino continuó haciendo sus maldades y siendo una cosa pequeña, comprimida y adorable. Pero ya no quería encargarme de él, le dejé ese trabajo a Fabrizio. Y me reencontré con un niño de la clase pasada llamado Thiago. Si pudiera   describirlo en tres palabras, serían respetuoso, noble y encantador. Siempre está sentado derechito y sin hablar con nadie, tampoco lo culpo porque obviamente su personalidad contrasta mucho con la de Valentino, Jesús, Juan Diego y los otros mini-terremotos de su mesa. Pero también se ve que está asustado, es como si nos tuviera miedo (a los profesores de Ciudad de Dios). Me conmovió mucho cuando decidió compartir sus galletitas con María Fernanda e incluso ¡Conmigo! fue muy gracioso porque ni siquiera se lo pedí, solo me acerqué para conversar con él porque estaba solito y me lo pidió. Es muy diferente a los otros niños de tres años, no actúa por impulso, parece más racional. Me quedé hablando con él un rato porque me resultaba interesante y el me dijo con una sonrisa "Tu no me haces nada". Intrigada, le pregunté a qué se refería con eso. "Tu no me das miedo", me confesó. Eso fue demasiado hermoso, lo abracé fuertemente y le dije que lo quería mucho. Probablemente no tiene idea de cuánto esos significó para mí, pero lo hizo. Puedo decir que me identifico con él en ese aspecto, a veces las personas me dan tanto miedo... hasta el punto de la ridiculez. Por eso saber que pude ayudarlo a superar aunque sea en lo más mínimo ese miedo significó superar una especie de trauma. Quisiera poder decirle que no tiene nada que temer, que es hermoso y que debería confiar. Por otro lado, también me da miedo el verdadero significado de  sus palabras; ¿Significan que le pegan? ¿Qué le maltratan?
Por último, tuve una especie de encuentro con otro niño llamado Bruce. Hasta entonces solo lo conocía como un niño hiperactivo, que causaba desorden y gritaba estruendosamente de la nada; aunque sabía que tenía muchas cualidades. También sabía que había tenido problemas en esa clase porque los chicos se habían estado quejando de él, pero no me había introducido mucho en eso. Entonces vi que se escapaba por la puerta ante la pelada cara de todos, así que corrí para detenerlo y estaba casi llorando. Le pregunté porqué hacía eso y me dijo que estaba cansado de que nadie lo quisiera, que todos los querían fuera y lo fastidiaban. Habían muchas cosas que quería decirle en ese momento, explicaciones racionales e irracionales de porqué sucedía eso, porqué sentía eso y como debía lidiar con ese sentimiento.  Pero era solo un niño, necesitaba algo mucho más real que especulaciones. Lo abracé y traté de consolarlo a la antigua. Le dije que lo quería hasta que dejo de repetir que quería escapar y luego lo cargué y le di vueltas. Lo hice entrar y le prometí que me quedaría con él para que no se sintiera solo. Al cabo de un rato se olvidó de lo sucedido y siguió actuando como un niño. Ojalá haya servido de algo lo que hice, si es así entonces todo tiene sentido. (5.Mostrar perseverancia y compromiso personal).
Otra brillante clase de Ciudad de Dios (no por la forma en la que la dimos sino por la que ellos nos lo dieron) se escapó de entre mis manos y me sorprendió de sobremanera al mirar atrás. Ya había terminado el horario en Llanavilla, pero como dice nuestro tutor Piero "Ciudad de Dios se vive toda la semana". Pienso en los otros miembros del grupo. En Fabrizio, espero que los niños le hayan hecho tanto o más bien que a mí, aunque no sé como preguntárselo. También espero que Claudia haya disfrutado la clase y haya podido conectar con los niños. En realidad no interactuamos mucho dentro del salón de inicial en esta ocasión, actuamos individualmente, eso fue un error.
Esta semana casi se cancelan las clases porque ninguno de los grupos de 4to "E" había entregado las evaluaciones, informes y listas de sus respectivas aulas. Mi grupo se desesperó porque realmente estábamos desorganizados en nuestra infraestructura y me di cuenta de que si no lográbamos entregar las lista iba a ser por mi culpa, pues yo había tenido en mis manos la asistencia la clase pasada y no recordaba donde la había dejado pero estaba segura de que había sido en Llanavilla. Valoré mucho cuando en vez de echármelo en cara, Nicole me dijo que todos asumiríamos la responsabilidad. Aun así me sentí culpable, pero al final el problema se solucionó. Sin embargo, me hizo ver que sí podíamos trabajar como equipo. (6. Trabajar en comunidad).
Eso era todo lo que quería decir, gracias Dios mío por permitirnos vivir esta hermosa experiencia.
 

Clase N°06: De sabor agridulce

Lo que sentí cuando retornábamos al colegio fue una mezcla de rabia, insatisfacción, ternura y confusión. Y en mi cabeza daba vueltas la pregunta ¿Es realmente una decisión inequívoca levantarle la mano a un niño? En ese momento, me inclinaba por un "no". Mis amigos me miraron horrorizados y en estado de shock, Andrea eres un monstruo. Yo sentía que no podían entenderlo aún, porque ellos enseñaban a grados mayores y los niños ahí tenían una pizca de respeto, me imagino. Tampoco es que los niños de inicial sean unas máquinas de destrucción y agresividad, pero para mí esta clase fue como un flashfoward en el cual solo siento rabia y no he dejado de pelear con mis hijos en una semana. La rabia es una sensación extraña; jamás había lidiado con este tipo de situaciones y jamás me habría imaginado llegar a este punto.
 
Esta clase esta planificada para ser espléndida, porque iríamos los cinco a dar clase con una sesión sencilla pero prometedora; y en mi mente primitiva las cosas aún funcionan en negro y blanco. El punto es que a pesar de que yo estuve maldiciendo en mi fuero interno casi toda la clase, al equipo le salió muy bien y me alegro muchísimo por eso y por ellos. Sobretodo porque disfrutaron el juego del cubo volador y los niños parecían pasar un gran tiempo ahí. Sin embargo, no puedo decir lo mismo de lo que yo hice ahí.
 
Sé que debería estar más enfocada en los niños y en sus historias, traté de sacarle algo profundo a las niñas de mi mesa pero no lo conseguí. En parte creo que se debe a su edad, para ellos todo es divertido con un globo con una sonrisa de plumón indeleble. Deberíamos aprender de su sencillez para disfrutar de la vida; a reírnos de lo que sea y a veces tratar de no pensar en que somos desafortunados. Porque ¿Realmente lo somos?
 
Cuando llegamos al salón tuve la primera impresión de que se trataba de una sartén u olla donde los maíces se convierten en canchita. ¿Así funciona? Los niños corrieron, saltaron, nos abrazaron ¡Pequeños seres humanos! Todos estaban cariñosos a más no poder. No sé si fue por mi corta estatura o por mi falta de fuerza física que terminé en el suelo y empecé a gritar, porque los niños (sobretodo Valentino) me estaban abrazando del cuello como si me ahorcaran. No dolió tanto pero me sentí impotente y no sabía que hacer para botarlos. Tuve que forcejear y luego les grité temiendo no pasarme de la mano ¡Pero ni siquiera me prestaron atención! Siguieron haciendo sus terroríficas maldades. Entonces algo capturó toda mi atención ¡Jesús Castro había venido a las clases! Kétchup, Jetsu, Ketsu, Jesús. Me olvidé momentáneamente de los sucesos y corrí a su encuentro ¡Es tan pequeñito! Está más delgado por lo que pude ver y sus grandes ojitos redondos me fascinan. Él me miró con adorable complicidad y me preguntó "¿Por que llegaron tan tarde?" Acto seguido arrugó su boquita y yo estaba babeando.
 
Empezaron las clases en la pizarra; las niñas de mi mesa se aburrieron. Sobretodo María Fernanda, quien era muy cariñosa y exigía que me quedara a su lado todo el tiempo. Se veía muy aburrida de verdad y eso me preocupaba ¿Es probable que los niños tengan depresión? Porque creo que así inicia, con un aburrimiento existencial constante. Luego la dejé con Aarom y su mesa, se divirtieron. El problema con las niñas es que se distraen mucho con los cuadernos y son niñas ¡no sé como explicarlo! pero algo entiendo de cuando dicen que las mujeres son complicadas. A veces simplemente no funciona repetirles 500 veces seguidas con voz pausada que presten atención. Ahí es cuando sale mi yo mandón e irritable y quiero pegar y gritar a todo el mundo. Veo todas las posibles reacciones en mi cerebro pero no elijo ninguna, obviamente. ¿Qué acaso no te enseñaron en tu casa a respetar? ¡Te falta golpe! No sé como serán las crianza en sus hogares, quizás en el mío fueron muy estrictos; pero al menos siempre supe distinguir y respetar a una autoridad. No hago absolutamente nada más en clase, pero al menos sé hacer eso. De hecho está que ellas tienen 3 y yo 15, pero desde que tengo memoria me han entrenado para ser así, lo que hacen va en contra de todos mis principios. En fin, decidí que no podía estar amarga toda la clase porque de alguna manera le trasladaría mi frustraciones a las niñas y ellas no tenían la culpa de que Valentino haya sido demasiado malcriado conmigo o que yo sea muy proclive a perder la paciencia.
 
Fui a la mesa de los niños de tres años: Valentino, JESÚS, Thiago y Maricielo. Me sentí impotente con Maricielo, es muy chiquita y casi no habla. ¿A quien me recuerda? Pero creo que es más por su edad que por alguna otra razón, será un proyecto de investigación a futuro. Valentino siguió siendo el niño más terrible y adorable que jamás he conocido. Por otro lado, Thiago respondía muy bien cada vez que le hablaba, me obedecía y se mostraba contento a cooperar. Me extraño mucho eso de él, intenté conocerlo mejor ¡Me pareció excelente! Los demás deberían conocerlo mejor, pero es tímido y no participa. Algo me extrañó mucho en la salida. Él había perdido su mochila (le pudo pasar a cualquiera) pero en vez de reclamarme como una niña mandona o como un valentino chillón; vino hacía mi cabizbajo que POR FAVOR lo ayudara a encontrar su mochila. Yo buscaba una por una y le preguntaba si era suyo y él solo me respondía que no con tristeza; no con impaciencia ni demandando nada, con profunda tristeza y RESPETO. Eso era tan extraño en un niño de Llanavilla, eso era tan extraño en un NIÑO. Luego cambió su carita y balbuceó en un idioma indescifrable; le pregunté que pasaba, lo abracé y le pedí que por favor no llorara. Lo que entendí fue que su mamá le iba a hacer algo si descubría que perdía su mochila. Y creo que se trataba de algo realmente malo. ¡Oh, Thiago!
 
Eso fue algo hermoso, pero no puedo decir lo mismo del resto del día. Estuve renegando y los niños me pegaron y se burlaron de mí . Me sentí frustrada conmigo misma por no saber marcar límites. Además siento que fui relegada a un segundo plano y mi presencia no sirvió mucho en la clase. Nicole, Sergio y Aarom estuvieron al frente y Fabrizio y yo nos quedamos cuidando las espaldas; eso no está mal pero me sentí demasiado frustrada porque siempre me sucede lo mismo, fuera y dentro de Llanavilla. Es como una incapacidad que me frustra hasta las lágrimas; estando afuera y mirando adentro.
 
Y en el bus Sergio me dijo que tenía que tratar a los niños de igual a igual. Yo le dije "Estas loco, a esos niños habría que pegarles a veces". No pensé con claridad hasta un momento después. Iniciamos un debate, me llamaron loca. No me ofendieron; es solo que sentí que miraban las cosas desde el punto en que yo lo hago usualmente: como un televisor negro y blanco. Insultando al gobierno, tachándolos de malditos, cuando la verdad es que no creo que lo haríamos mejor estando ahí. La intención vale mucho, pero a veces no es suficiente. No siempre deseas transmitir lo que transmites. Decidí que no quiero juzgar a nadie, no tengo la cara para hacerlo. Pero tampoco voy a decir que los padres que pegan a sus hijos cuando estos se portan realmente mal son enviados del diablo. Quizás ellos (mis amigos) tienen habilidades para persuadir que yo no ( y que tengo que desarrollar); de ninguna forma voy a pegarles a los niños de Llanavilla.  Tampoco a niños como Thiago o Aarón, no quiero que si alguna vez le pego a mis hijos sea por descargar mis propias frustraciones, eso para mí sería imperdonable (conmigo misma). Pero un golpe de Andrea no duele, quisiera que pudieran ver la intención. Quisiera y preferiría mil veces pegarles antes de que se terminaran convirtiendo en criminales.  No quisiera que pensaran que todas las personas que te sonríen son excelentes y las que te miran mal son enviados del diablo.
 
Le conté a mi mamá lo que me sucedió, ella trabaja con niños y de hecho ¡Les saca los dientes! En medio de papas fritas y gaseosa me comentó que ella se siente de la misma forma y que es incluso peor porque su trabajo depende de que los niños cooperen. Sí, aveces forcejean con los niños un rato. Eso me parece bien, forcejear. Me comentó que en una ocasión un niño que le pegaba a su mamá en el vientre estando ella embarazada, a él habría que forcejearlo, pues juraba que eso estaba bien. Y la madre de débil carácter se dejaba llorando.  Mi mamá piensa igual que yo, era de esperarse. Ella me enseñó a formar mis opiniones y obviamente pienso de forma muy parecida a ella. Sin embargo, todos cometen errores y es probable que esté equivocada. Me quedo con mi opinión, no la cambio , tampoco la hago pública. TRANQUILOS, NO VOY A PEGARLE A NINGÚN NIÑO Y MENOS A UNO DE LLANAVILLA. Aunque forcejear, si me están pegando como Valentino, es imposible no hacerlo.  ¿O no puedo? Aveces siento que odio a los seres humanos por creer en ellos mismos ¿Eso es normal?  Ahora creo que solo son frustraciones personales, así que si ellos creen que pueden controlar a los niños  con PALABRAS BONITAS Y SONRISAS bien por ellos. Y ojalá les funcione, yo debo operar de la misma forma aunque se me haga mucho más difícil. (1. Conocerse, aceptarse y superarse)ñ
 
 

lunes, 2 de junio de 2014

Sábado 31/05/14: Aborto indeseado

Para: edwin@ficatour.com
Asunto: RE: movilidad ciudad de dios
De: Cynthia Vanessa Veintemilla
Enviado: jueves, 29 de mayo de 2014 01:09 p.m.
Estimado Edwin por favor, confirmo servicio
DIA: Sábado, 31 de mayo
HORARIOS: SALIDA 1:20pm
HORARIOS: RETORNO 5:20pm
LUGAR DE INICIO: COLEGIO SAN AGUSTIN- SAN ISIDRO PUERTA 38
LUGARES DE DESTINO Colegio Santa Rosa de Llanavilla - km 23
REQUERIMIENTO: 45 personas

CIUDAD DE DIOS-PLANIFICADOR DE INICIAL

Semana 5: sábado 31 de mayo

Clase 6:

Tema: Like and Don`t like

·         Profesores: Nicolle Cornejo

                      Aarom Tinoco

                             





Cada Mesa por edad
 

                             Fabrizio Artiaga

                            Andrea Niño de Guzmán

Dinámicas: Aarom Tinoco

·         Logística: Andrea Niño de Guzmán

·         Coordinadora: Nicolle Cornejo

Planificación:

1)      Llegada-Oración y cambio de sitios por edades(5 mins)

2)      Repaso con las canciones aprendidas de la anterior clase (5 mins)

3)      Introducion a la clase: Like and Don`t like, explicación de los colores y frutas que no les gusta o les gusta con el uso de las paletas de caritas (10 mins)

4)      (Andrea Niño ) song: “I need to found you” y “like and don`t like” (20 mins)

5)      Clase: ejemplos de like and don’t like con los colores y frutas trabajadas en las anteriores clases (10 mins)

6)      (Aarom Tinoco)Dinámica: Aarom se para y agarra los flashcard y pregunta a que niño le gusta esa fruta al momento de eso  los niños corren hacia los ulas ulas que están al costado de aarom (derecha->like,izquierda->don`t like)(15 mins)

7)      Break: Yogurts y cereales (15 mins)

8)      Trabajo en el cuaderno: Hojas Bond donde este las frutas trabajadas y las cara de like and don’t like y que las unan (15 mins)

9)      Cierre: Cantaremos la canción “Sergio crea la cancion” con las 6 frutas trabajadas y finalizamos con la pregunta: ¿Qué aprendí hoy? Y para concluir daremos gracias al señor finalizando con una oración (5 mins)

10)  Que la próxima clase traigan un color que les guste (1 mins)

MATERIALES:

·         Stickers-ANDREA

·         Plumón y mota-NICOLLE

·         Flashcards ( imagen más la palabra en inglés) de cada fruta y color-Nicolle

·         Jugo de durazno y galletitas-NICOLLE Y ANDREA

·         Hojas Bond donde estén las frutas trabajadas  y carita triste y feliz para simular el like and dont like-AAROM

·         Maracas-AAROM

·         2 Ula ulas –COLEGIO

·         Yogurt y cereales FABRIZIO Y ANDREA

·         Paletas de carita triste y feliz SERGIO


No estaba segura de ir en un principio. Me sentía cansada, enferma y apenada por las malas notas de la semana. Sabía que tenía mucho que hacer, pero vi a mis amigos sacrificando su tiempo libre por los niños y al escuchar a Fray Hans en Catequesis supe que tenía que ir. No me necesitaban, pero yo quería ir. Al igual que todos mis compañeros, incluso ellos mucho más que yo. Cuarto "F" también estaba ahí, preparando una sesión de Cuentacuentos que estaría llena de magia. Tenían los disfraces y el maquillaje puestos desde hace como una hora, habían ensayado dentro de clases. Todos esperábamos en el estacionamiento a un bus que nunca llegó. En realidad si llegó, pero la historia es más complicada que eso.
 
Empezamos con la fase de negación. José, Carlos Gala, Paola y yo estábamos sentados preguntándonos qué buena razón tendría el bus para no llegar. No había forma de que no llegara. Ellos estaban hablando de algo, yo trataba de leer Cortázar, nos preguntábamos la hora constantemente... llegó el punto en el que supimos que era más que un simple retraso.
 
El profesor Piero nos dio una clase hoy sin la que hubiera sido posible esta bitácora. Habló sobre las facciones que salieron a causa del problema: los pacientes,  los preocupados, los indiferentes. Al principio creo que estaba entre los preocupados. Les dije a mis amigos que teníamos que hacer algo, buscar a un adulto responsable o ver si podíamos contactar con una empresa de buses. Me dijeron que no, que la Miss Rosemary estaba en eso, que nada podíamos hacer. No quiero decir que actuamos mal, ni que yo actué mejor que ellos. Pero no sé porque siento que no hice nada útil, que me quedé en mi "zona cómoda", que me excusé en el "pero me dijeron que...". Solo sé que siento que iba por el camino correcto y no solo no traté de dar a entender que sí debíamos hacer algo, sino que tampoco hice nada que aportar al colectivo. Tal vez esté equivocada, tal vez ellos tenían razón... no lo sé. No es como si tuviera resentimiento con ellos, sino conmigo misma, con la situación y con las rutinas.
 
Luego la Miss Rosemary nos informó sobre el evidente error que cometió la empresa de autobuses, dijo que los autobuses llegaban a las 3:00 pm  y nos pidió que le cediéramos nuestra hora a los chicos de Español que iban una de cada de dos semanas a diferencia de nosotros. Todos estuvimos de acuerdo; era lo justo, ellos se habían esforzado más que nosotros.
 
Seguimos esperando, porque supuestamente el bus llegaba en 20 minutos (al final fue casi una hora). No puedo decir que la pasé mal. Compartimos el momento no como indiferentes, sino como pacientes, escuchando música e intercambiando canciones. Honestamente, fue un momento muy grato y preciso para la ocasión. Aunque falláramos, nos teníamos a nosotros para respaldarnos. Fuera de las coordinaciones también está el trabajo en equipo y este se demuestra más allá de si la clase salió bien o no.
 
A pesar de que estuve feliz en mi zona cómoda, hubo algo que no hice. No salí de mi facción, como estoy acostumbrada, no traté de ver como estaban los otros grupos. Ni siquiera vi como estaban los otros miembros de mi Coordinación. Si los vi de lejos, pero en ningún momento me acerqué a preguntarles cómo se encontraban. Actué de forma egoísta y ahora puedo ver mi error. Este es un "oso que pongo sobre la mesa", fuera de Ciudad de Dios no entablamos mucha conversación. Para ser una comunidad no estamos desunidos del todo, pero tampoco estamos juntos. ¿Eso estará bien? (1. Conocerse, aceptarse y superarse.)
 Una valiosa lección que aprendí es la importancia de la responsabilidad en el trabajo en equipo. No es solo hacer tu parte del trabajo, sino asegurarte de que todos en tu equipo la hagan y también fuera de tu equipo. Por un solo error se pueden perjudicar todos, es una dosis extra de presión si eres líder. No soy líder de nada, pero tampoco me quiero lavar las manos y decir que las necesidades del colectivo son solo cosas que debo recibir y en las cuales no debo involucrarme. Porque puedes planearlo todo muy bien pero al final con que un pequeño detalle se te escape todo se derrumba; suele pasar muchas veces en la vida cotidiana. Sin embargo, espero cambiar lo "yo" por "Nosotros" y tratar de mejorar como grupo; siendo estas falencias incluso peores porque nos perjudican a todos.
Al final llegó el bus y ya todos cansados entramos, sin saber qué esperar. Lo que encontramos fue decepcionante.
Los niños nos habían esperado hasta caer en la cuenta de que no vendríamos... y ya no estaban porque eran las 4:20 pm. Todo el esfuerzo "por nada". Y en la puerta, un cartel que decía "Mañana sábado clases; llegar puntual". Entre la frustración y la culpabilidad regresamos al colegio; y el tenso clima se fue disipando conforme avanzábamos. No sabía como sentirme, pero no estaba tan frustrada. De hecho tengo las imágenes borrosas porque estaba anestesiada con dolor de cabeza. Pero de seguro si hubiera sentido la pegada de haberme esforzado más en el plan de clase.
 
No esperaba con tanta emoción las clases, había estado distanciada de Dios y de todo esa semana por las tonterías a las que llamo problemas personales. Solo sé que no quiero imaginar el cariño que tendríamos por dar y recibir con los niños. A veces lo que se supone que te hace daño no te hace sentir nada en especial; esta fue una de esas ocasiones para mí. Pude extraer algunas enseñanzas que realmente valen la pena, aunque no las aprendí de una forma épica como solía narrar en las otras bitácoras. Tampoco me sentí aliviada cuando supe que no habían niños, simplemente no sabía que sentir. Esto rompe por completo los esquemas que había hecho. Reconozco que me sorprende no hallarme en medio de un torbellino de emociones como lo he estado en las anteriores bitácoras. No sé que me pasa ni a que se debe mi insensibilidad y me angustia, pero tampoco puedo cambiar las hormonas que segrega mi cerebro. No sé que esperar de la próxima clase en Llanavilla, así que solo voy a desear que Dios me ayude a ayudar a esos hermosos niños.