Lo que sentí cuando retornábamos al colegio fue una mezcla de rabia, insatisfacción, ternura y confusión. Y en mi cabeza daba vueltas la pregunta ¿Es realmente una decisión inequívoca levantarle la mano a un niño? En ese momento, me inclinaba por un "no". Mis amigos me miraron horrorizados y en estado de shock, Andrea eres un monstruo. Yo sentía que no podían entenderlo aún, porque ellos enseñaban a grados mayores y los niños ahí tenían una pizca de respeto, me imagino. Tampoco es que los niños de inicial sean unas máquinas de destrucción y agresividad, pero para mí esta clase fue como un flashfoward en el cual solo siento rabia y no he dejado de pelear con mis hijos en una semana. La rabia es una sensación extraña; jamás había lidiado con este tipo de situaciones y jamás me habría imaginado llegar a este punto.
Esta clase esta planificada para ser espléndida, porque iríamos los cinco a dar clase con una sesión sencilla pero prometedora; y en mi mente primitiva las cosas aún funcionan en negro y blanco. El punto es que a pesar de que yo estuve maldiciendo en mi fuero interno casi toda la clase, al equipo le salió muy bien y me alegro muchísimo por eso y por ellos. Sobretodo porque disfrutaron el juego del cubo volador y los niños parecían pasar un gran tiempo ahí. Sin embargo, no puedo decir lo mismo de lo que yo hice ahí.
Sé que debería estar más enfocada en los niños y en sus historias, traté de sacarle algo profundo a las niñas de mi mesa pero no lo conseguí. En parte creo que se debe a su edad, para ellos todo es divertido con un globo con una sonrisa de plumón indeleble. Deberíamos aprender de su sencillez para disfrutar de la vida; a reírnos de lo que sea y a veces tratar de no pensar en que somos desafortunados. Porque ¿Realmente lo somos?
Cuando llegamos al salón tuve la primera impresión de que se trataba de una sartén u olla donde los maíces se convierten en canchita. ¿Así funciona? Los niños corrieron, saltaron, nos abrazaron ¡Pequeños seres humanos! Todos estaban cariñosos a más no poder. No sé si fue por mi corta estatura o por mi falta de fuerza física que terminé en el suelo y empecé a gritar, porque los niños (sobretodo Valentino) me estaban abrazando del cuello como si me ahorcaran. No dolió tanto pero me sentí impotente y no sabía que hacer para botarlos. Tuve que forcejear y luego les grité temiendo no pasarme de la mano ¡Pero ni siquiera me prestaron atención! Siguieron haciendo sus terroríficas maldades. Entonces algo capturó toda mi atención ¡Jesús Castro había venido a las clases! Kétchup, Jetsu, Ketsu, Jesús. Me olvidé momentáneamente de los sucesos y corrí a su encuentro ¡Es tan pequeñito! Está más delgado por lo que pude ver y sus grandes ojitos redondos me fascinan. Él me miró con adorable complicidad y me preguntó "¿Por que llegaron tan tarde?" Acto seguido arrugó su boquita y yo estaba babeando.
Empezaron las clases en la pizarra; las niñas de mi mesa se aburrieron. Sobretodo María Fernanda, quien era muy cariñosa y exigía que me quedara a su lado todo el tiempo. Se veía muy aburrida de verdad y eso me preocupaba ¿Es probable que los niños tengan depresión? Porque creo que así inicia, con un aburrimiento existencial constante. Luego la dejé con Aarom y su mesa, se divirtieron. El problema con las niñas es que se distraen mucho con los cuadernos y son niñas ¡no sé como explicarlo! pero algo entiendo de cuando dicen que las mujeres son complicadas. A veces simplemente no funciona repetirles 500 veces seguidas con voz pausada que presten atención. Ahí es cuando sale mi yo mandón e irritable y quiero pegar y gritar a todo el mundo. Veo todas las posibles reacciones en mi cerebro pero no elijo ninguna, obviamente. ¿Qué acaso no te enseñaron en tu casa a respetar? ¡Te falta golpe! No sé como serán las crianza en sus hogares, quizás en el mío fueron muy estrictos; pero al menos siempre supe distinguir y respetar a una autoridad. No hago absolutamente nada más en clase, pero al menos sé hacer eso. De hecho está que ellas tienen 3 y yo 15, pero desde que tengo memoria me han entrenado para ser así, lo que hacen va en contra de todos mis principios. En fin, decidí que no podía estar amarga toda la clase porque de alguna manera le trasladaría mi frustraciones a las niñas y ellas no tenían la culpa de que Valentino haya sido demasiado malcriado conmigo o que yo sea muy proclive a perder la paciencia.
Fui a la mesa de los niños de tres años: Valentino, JESÚS, Thiago y Maricielo. Me sentí impotente con Maricielo, es muy chiquita y casi no habla. ¿A quien me recuerda? Pero creo que es más por su edad que por alguna otra razón, será un proyecto de investigación a futuro. Valentino siguió siendo el niño más terrible y adorable que jamás he conocido. Por otro lado, Thiago respondía muy bien cada vez que le hablaba, me obedecía y se mostraba contento a cooperar. Me extraño mucho eso de él, intenté conocerlo mejor ¡Me pareció excelente! Los demás deberían conocerlo mejor, pero es tímido y no participa. Algo me extrañó mucho en la salida. Él había perdido su mochila (le pudo pasar a cualquiera) pero en vez de reclamarme como una niña mandona o como un valentino chillón; vino hacía mi cabizbajo que POR FAVOR lo ayudara a encontrar su mochila. Yo buscaba una por una y le preguntaba si era suyo y él solo me respondía que no con tristeza; no con impaciencia ni demandando nada, con profunda tristeza y RESPETO. Eso era tan extraño en un niño de Llanavilla, eso era tan extraño en un NIÑO. Luego cambió su carita y balbuceó en un idioma indescifrable; le pregunté que pasaba, lo abracé y le pedí que por favor no llorara. Lo que entendí fue que su mamá le iba a hacer algo si descubría que perdía su mochila. Y creo que se trataba de algo realmente malo. ¡Oh, Thiago!
Eso fue algo hermoso, pero no puedo decir lo mismo del resto del día. Estuve renegando y los niños me pegaron y se burlaron de mí . Me sentí frustrada conmigo misma por no saber marcar límites. Además siento que fui relegada a un segundo plano y mi presencia no sirvió mucho en la clase. Nicole, Sergio y Aarom estuvieron al frente y Fabrizio y yo nos quedamos cuidando las espaldas; eso no está mal pero me sentí demasiado frustrada porque siempre me sucede lo mismo, fuera y dentro de Llanavilla. Es como una incapacidad que me frustra hasta las lágrimas; estando afuera y mirando adentro.
Y en el bus Sergio me dijo que tenía que tratar a los niños de igual a igual. Yo le dije "Estas loco, a esos niños habría que pegarles a veces". No pensé con claridad hasta un momento después. Iniciamos un debate, me llamaron loca. No me ofendieron; es solo que sentí que miraban las cosas desde el punto en que yo lo hago usualmente: como un televisor negro y blanco. Insultando al gobierno, tachándolos de malditos, cuando la verdad es que no creo que lo haríamos mejor estando ahí. La intención vale mucho, pero a veces no es suficiente. No siempre deseas transmitir lo que transmites. Decidí que no quiero juzgar a nadie, no tengo la cara para hacerlo. Pero tampoco voy a decir que los padres que pegan a sus hijos cuando estos se portan realmente mal son enviados del diablo. Quizás ellos (mis amigos) tienen habilidades para persuadir que yo no ( y que tengo que desarrollar); de ninguna forma voy a pegarles a los niños de Llanavilla. Tampoco a niños como Thiago o Aarón, no quiero que si alguna vez le pego a mis hijos sea por descargar mis propias frustraciones, eso para mí sería imperdonable (conmigo misma). Pero un golpe de Andrea no duele, quisiera que pudieran ver la intención. Quisiera y preferiría mil veces pegarles antes de que se terminaran convirtiendo en criminales. No quisiera que pensaran que todas las personas que te sonríen son excelentes y las que te miran mal son enviados del diablo.
Le conté a mi mamá lo que me sucedió, ella trabaja con niños y de hecho ¡Les saca los dientes! En medio de papas fritas y gaseosa me comentó que ella se siente de la misma forma y que es incluso peor porque su trabajo depende de que los niños cooperen. Sí, aveces forcejean con los niños un rato. Eso me parece bien, forcejear. Me comentó que en una ocasión un niño que le pegaba a su mamá en el vientre estando ella embarazada, a él habría que forcejearlo, pues juraba que eso estaba bien. Y la madre de débil carácter se dejaba llorando. Mi mamá piensa igual que yo, era de esperarse. Ella me enseñó a formar mis opiniones y obviamente pienso de forma muy parecida a ella. Sin embargo, todos cometen errores y es probable que esté equivocada. Me quedo con mi opinión, no la cambio , tampoco la hago pública. TRANQUILOS, NO VOY A PEGARLE A NINGÚN NIÑO Y MENOS A UNO DE LLANAVILLA. Aunque forcejear, si me están pegando como Valentino, es imposible no hacerlo. ¿O no puedo? Aveces siento que odio a los seres humanos por creer en ellos mismos ¿Eso es normal? Ahora creo que solo son frustraciones personales, así que si ellos creen que pueden controlar a los niños con PALABRAS BONITAS Y SONRISAS bien por ellos. Y ojalá les funcione, yo debo operar de la misma forma aunque se me haga mucho más difícil. (1. Conocerse, aceptarse y superarse)ñ
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