viernes, 20 de junio de 2014

Clase N° 07: Valió la pena aguantar la respiración

No me encontraba muy bien de salud en el largo camino a Llanavilla; quizás se me hizo demasiado largo con el malestar que sentía. Sin embargo, valió la pena ir "en dolor" y aguantar la respiración toda la semana para poder experimentar lo más cercano a felicidad que puedo encontrar desde hace un buen tiempo.  No, no es ninguna especie de floro sentimental; de hecho es más honestidad de la que me gustaría admitir. Yo no sé que son el dolor ni el sufrimiento reales; pero de alguna forma creo intuir que si hay algo hilarante sobre la situación es que sin ellos tampoco conoceré el amor y la felicidad verdaderos. Ir ahí todos los sábados (bueno, tampoco es que tuviera algo que hacer todos los sábados en años anteriores) es como ponerme un nebulizador después de haber estado aguantando la respiración toda la semana. Desde luego que altera mis horarios y cosas así, pero la recompensa es mucho mayor, aunque no siempre logre recordarlo. Obviamente estoy a años luz de ser la mejor profesora de inglés que los niños puedan tener, ni tengo carisma, ni puedo hacerlos reír. Pero sí hay algo que puedo hacer, Sergio me lo hizo entender, y es amarlos lo mejor que pueda. Dentro de mi mente primitiva, mi egoísmo y todas las limitaciones; voy a intentarlo como nunca antes lo había hecho. Solo entonces sabré que estoy haciendo algo BUENO. Algo IMPORTANTE. Algo REAL ¿Por qué es importante, bueno y real?
Esta clase me aterraba en particular, porque era la clase en la que solo iríamos Fabrizio y yo. Si tuviéramos que hacer un orden de quien desempeña mejor los cargos, creo que todos estaríamos de acuerdo en que primero se encontraría Nicole y luego se la disputan Aarom y Sergio. ¡Pero Fabrizio y yo tenemos problemas! No habíamos ensayado la programación de la clase y los terribles resultados de mi clase improvisada con Aarom casi un mes atrás venían a mi cabeza con imágenes rápidas, y esa sensación de presión en los puños y debajo de la clavícula... ¿Tendría que soportar otro resultado así?
Para nuestra sorpresa, nos cambiaron de salón a uno más espacioso que explotaba la creatividad de los niños. No sé como pero logramos calmarlos y entre Carolina y yo dimos las primeras clases. Claudia Tello se ofreció como voluntaria y se quedó cuidando una mesa; mientras que Fabrizio, Carolina y yo rotábamos entre las mesas. En realidad fue bastante sencillo, pero aún así nos demoramos porque los niños tenían que fijar los conocimientos sí o sí ¡Era la clase N°07!
Al final concluí que si evaluábamos la clase de un punto de vista académico habría estado de regular para mal. Pero fue una experiencia enriquecedora, porque tuve la oportunidad de dar cariño a niños que creo que lo necesitaban. Es una larga historia...
Y bueno, como se aprecia en la foto, mi pequeño Jesús asistió a la clase ¡Y me dijo que su mamá no quería que yo me acercara a él! Traté de respetarlo pero él de todas formas venía y me decía cosas que entendía parcialmente. Me confesó que en su casa le pegaban y que su hermanito le había hecho un moretón en la boca. No sé hasta que punto es normal porque nunca antes había convivido con niños salvajes de tres años.  Entonces traté de acercarme a él y cuidarlo; le dije que le saldrían gusanitos en el estómago porque ¡Estaba tomando agua del balde donde los niños se lavan las manos! Me horrorizan los métodos higiénicos de Llanavilla, los niños deben tener parásitos y que no lo manifiesten no significa que estos no les hagan daño. Bueno, ese es un punto aparte. El punto es que el pequeño Jesús al final "¡me abrazó y me dijo que me quería algo!". Es un progreso, fue hermoso.
Otro niño al que me acerqué fue Aarón, él es obediente, respetuoso, adorable, lúcido y aprende con facilidad. Además, le compartió sus galletitas a Dayanna. Siempre avisa cuando alguien está causando desorden y hace preguntas interesantes. Pero no es un niño presumido que utiliza sus dotes para manipular; por el contrario, parece muy noble e inteligente.
Otro de mis temores era que los niños se cerraran y no pudieran compartir algo de su interior con nosotros. No quería que se dispersaran y solo pasaran las clases, necesitaba tocar su fibra sensible y conocerlos un poco más individualmente. Decidí que la mejor forma de llamar la atención era treparme  a la mesa y hacer temblores de mentira con mis manos, creo que no salió mal. Mi mesa estaba conformada por Kelvin, Aylín, Rubí, Abigail, Dyanna y otra niña más cuyo nombre no recuerdo.  Ella y Rubí parecían ser muy amigas y jugaban toda la clase una con la otra a peinarse y abrazarse. La de polo lila y ganchitos blancos, Rubí, cambió drásticamente de la niña tímida que conocía dos clases antes. Esta vez se desenvolvió muy bien, participó de manera correcta en la clase y también se dirigió varias veces a mí directamente. No sé como llamarla... ¿Justiciera? o tal vez asertiva, o acuseta en un buen sentido. Era la niña que venía y me decía "Ella está haciendo esto..." o "El niño no puede hacer esto..." o "Mira lo que ha hecho...". Por otro lado, reconozco su habilidad para memorizar el vocabulario, era una de las mejores en eso en el salón. Otra niña con características similares era Dayanna, ella recién se incorporaba a las clases sabatinas pero se adaptó con rapidez. Es muy cariñosa e independiente; al igual que Rubí, gusta de expresar sus opiniones. No sé si es mi imaginación, pero me da la impresión de que ella y Aarón tienen una linda amistad. Otra niña que me llamó la atención quizás por un motivo personal fue Abigail. Ella es una niña muy pequeña, incluso en comparación las otras niñas de su edad, me recuerda a alguien. Podría incluso decir que es bastante tímida, aunque ya no sé como funciona con los niños porque una clase se pueden mostrar retraídos y la siguiente desenvueltos. ¿Eso es normal? Debo recordar que esto no es un experimento de biología.
En otra mesa estaba María Fernanda, ella me preocupa porque en todas las clases está aburrida y triste. Al principio creí que era un capricho pero ahora ya son tres clases que va de esa forma, o quizás más. Trato de preguntarle que le sucede, pero solo me dice que se aburre y que no desea estar ahí. ¿Qué le estará pasando? Hay otra niña que se llama Maricielo que no habla para nada, puede que sea por su corta edad y el hecho de estar con niños más grandes que ya interactúan entre sí la aterra, pero no sabía si los niños a esa edad suelen comportarse así. Los demás niños de tres años sí hablan. Tocando ese tema, Valentino continuó haciendo sus maldades y siendo una cosa pequeña, comprimida y adorable. Pero ya no quería encargarme de él, le dejé ese trabajo a Fabrizio. Y me reencontré con un niño de la clase pasada llamado Thiago. Si pudiera   describirlo en tres palabras, serían respetuoso, noble y encantador. Siempre está sentado derechito y sin hablar con nadie, tampoco lo culpo porque obviamente su personalidad contrasta mucho con la de Valentino, Jesús, Juan Diego y los otros mini-terremotos de su mesa. Pero también se ve que está asustado, es como si nos tuviera miedo (a los profesores de Ciudad de Dios). Me conmovió mucho cuando decidió compartir sus galletitas con María Fernanda e incluso ¡Conmigo! fue muy gracioso porque ni siquiera se lo pedí, solo me acerqué para conversar con él porque estaba solito y me lo pidió. Es muy diferente a los otros niños de tres años, no actúa por impulso, parece más racional. Me quedé hablando con él un rato porque me resultaba interesante y el me dijo con una sonrisa "Tu no me haces nada". Intrigada, le pregunté a qué se refería con eso. "Tu no me das miedo", me confesó. Eso fue demasiado hermoso, lo abracé fuertemente y le dije que lo quería mucho. Probablemente no tiene idea de cuánto esos significó para mí, pero lo hizo. Puedo decir que me identifico con él en ese aspecto, a veces las personas me dan tanto miedo... hasta el punto de la ridiculez. Por eso saber que pude ayudarlo a superar aunque sea en lo más mínimo ese miedo significó superar una especie de trauma. Quisiera poder decirle que no tiene nada que temer, que es hermoso y que debería confiar. Por otro lado, también me da miedo el verdadero significado de  sus palabras; ¿Significan que le pegan? ¿Qué le maltratan?
Por último, tuve una especie de encuentro con otro niño llamado Bruce. Hasta entonces solo lo conocía como un niño hiperactivo, que causaba desorden y gritaba estruendosamente de la nada; aunque sabía que tenía muchas cualidades. También sabía que había tenido problemas en esa clase porque los chicos se habían estado quejando de él, pero no me había introducido mucho en eso. Entonces vi que se escapaba por la puerta ante la pelada cara de todos, así que corrí para detenerlo y estaba casi llorando. Le pregunté porqué hacía eso y me dijo que estaba cansado de que nadie lo quisiera, que todos los querían fuera y lo fastidiaban. Habían muchas cosas que quería decirle en ese momento, explicaciones racionales e irracionales de porqué sucedía eso, porqué sentía eso y como debía lidiar con ese sentimiento.  Pero era solo un niño, necesitaba algo mucho más real que especulaciones. Lo abracé y traté de consolarlo a la antigua. Le dije que lo quería hasta que dejo de repetir que quería escapar y luego lo cargué y le di vueltas. Lo hice entrar y le prometí que me quedaría con él para que no se sintiera solo. Al cabo de un rato se olvidó de lo sucedido y siguió actuando como un niño. Ojalá haya servido de algo lo que hice, si es así entonces todo tiene sentido. (5.Mostrar perseverancia y compromiso personal).
Otra brillante clase de Ciudad de Dios (no por la forma en la que la dimos sino por la que ellos nos lo dieron) se escapó de entre mis manos y me sorprendió de sobremanera al mirar atrás. Ya había terminado el horario en Llanavilla, pero como dice nuestro tutor Piero "Ciudad de Dios se vive toda la semana". Pienso en los otros miembros del grupo. En Fabrizio, espero que los niños le hayan hecho tanto o más bien que a mí, aunque no sé como preguntárselo. También espero que Claudia haya disfrutado la clase y haya podido conectar con los niños. En realidad no interactuamos mucho dentro del salón de inicial en esta ocasión, actuamos individualmente, eso fue un error.
Esta semana casi se cancelan las clases porque ninguno de los grupos de 4to "E" había entregado las evaluaciones, informes y listas de sus respectivas aulas. Mi grupo se desesperó porque realmente estábamos desorganizados en nuestra infraestructura y me di cuenta de que si no lográbamos entregar las lista iba a ser por mi culpa, pues yo había tenido en mis manos la asistencia la clase pasada y no recordaba donde la había dejado pero estaba segura de que había sido en Llanavilla. Valoré mucho cuando en vez de echármelo en cara, Nicole me dijo que todos asumiríamos la responsabilidad. Aun así me sentí culpable, pero al final el problema se solucionó. Sin embargo, me hizo ver que sí podíamos trabajar como equipo. (6. Trabajar en comunidad).
Eso era todo lo que quería decir, gracias Dios mío por permitirnos vivir esta hermosa experiencia.
 

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