Han sido tiempos difíciles desde la última vez que escribí una bitácora de CAS. Cuando mi mayor preocupación se la han disputado un examen largo de química, una bendita gastritis y la búsqueda de una aguja en un pajar. Difíciles en verdad, he sido una mártir, merezco un minuto de silencio.
Bajo la cabeza avergonzada, sabía que Fray Elías tenía razón cuando nos lo dijo, pero no entendía hasta qué punto era cierto que creía tener tantos problemas pero no tenía ninguno real. Ni uno solo; y ese es en realidad mi único problema.
Así que después de tanta abstinencia de CAS y bitácoras que eran mi nebulizador nos encontramos con otra dulce experiencia que nos abría sus puertas un día después de que terminaran los exámenes finales. El debate interno fue casi inmediato, de alguna forma me sentía en la obligación moral y espiritual de ir.
Tomé esta fotografía junto a mi amiga Jennifer en el bus camino a algún lugar de Chosica. Quisiera aclarar que cuando dijeron que el otro nombre del paradero final era "No sé qué de Surco" me desilusioné pues me parecía emocionante un largo viaje en bus escuchando música. Si tan solo hubiera sabido lo largo y pesado del camino que me esperaba. No, no era Chosica, tampoco era algún lugar remoto de Surco, después de viajar por más de tres horas y hacer la primera pero no última parada descubrimos un letrero que decía "La oroya" y al costado una flechita que señalaba los cerros. Esta parada era para los que tenían una emergencia con el baño, que según me contaron era casi un silo.
Creo que todos los que asistimos a la caminata cumplimos con la experiencia 4. Se compromete y se esfuerza. Pues hasta donde sé, magullados y exhaustos en toda su expresión, todos completamos el recorrido.
Al principio no se me ocurrió que podía estar en un lugar hermoso. solo trataba de enfocarme en salir lo más limpia y saludable de ahí, bastante inmaduro. Y bastante lejos de la realidad, jamás imaginé que escalaríamos montañas. Bueno, no escalamos montañas, pero literalmente subimos entre ellas y habían partes del camino que eran solo piedras. Y literalmente me agoté cuando terminamos de recorrer la ciudad, fue entonces cuando deduje que ni siquiera habíamos empezado la caminata.
Ni Jennifer ni yo estábamos mental ni físicamente preparadas para eso. En serio, todavía puedo recordar todas las clases de educación física en primaria cuando siempre fuimos suplentes en todos los partidos habidos y por haber, sentadas lejos del movimiento y observando desde afuera. En un inicio fue como volver a primaria, pues en mi comunidad casi todos eran deportistas.
Olvidé mencionar que de todos los que vamos a Confirmación, que seremos el 85% de la promoción, estamos divididos en dos grandes grupos. Y dentro de ellos pertenecemos a mini-comunidades de 7 a 8 personas. En nuestra mini-comunidad casi todos demostraron que tenían resistencia. Uno de nosotros no fue muy amable cuando nos dijo a Jennifer y a mi que no nos quería esperar, nada personal pero igual contradictorio. Así que anduvimos en silencio una gran parte del trayecto, quizás haciendo catarsis interna, al final de la fila. Hasta que simple y sencillamente las piedras fueron demasiado grandes y la propuesta de quedarnos atrás demasiado tentadora. La remató el grito de alguien que sentenciaba que faltaban 8 km.
Ahora me parece gracioso como no me detuve a admirar el paisaje, estaba tan concentrada en llegar a la meta sin quedarme atrás y ahorrarme frustraciones extra que sentía que no podría tolerar. No contemplé la belleza que me rodeaba y de seguro también me ahorré la diversión del trayecto en sí. Esa es una lección que definitivamente aplica a la vida real, a como ponemos todo de nosotros en un fin y olvidamos disfrutar del proceso, que podría ser el fin en sí mismo.
No conozco mucho de Lima y menos de la carretera que conduce a la Sierra, pero me puedo hacer una idea gracias a lo que finalmente vi. Era un lugar de hermosura honesta, parecía que la naturaleza me echara en cara que en estado puro nadie le podía hacer la competencia. Lo dice una chica que escasas veces ha salido de la ciudad. Para abreviar, era una cuesta arriba llena de verde, marrón y azul si mirabas hacia arriba. El camino no estaba hecho en numerosos segmentos e improvisabas saltando sobre las piedras o esquivando pequeñas corrientes de agua. Fue una grata sorpresa encontrar al mirar por el precipicio a unos burros pastando, todavía no entiendo porque nos emocionamos tanto con esa escena. Y el sol, era reconfortante e insoportable de una manera lúdica.
Hicimos algunas paradas junto a Fray Hans, nuestro catequista, antes de la separación. En ellas primero nos explicó la "Ley número uno del peregrinaje": Trae solo lo indispensable y esto. Tiene mucha razón, nunca es bueno estar cargando un bolso enorme lleno de cosas que si las analizo del lado subjetivo son mis inseparables pero en realidad se puede sobrevivir perfectamente sin ellas. Tal vez a principal razón es que nunca sabes con qué te encuentras en la siguiente curva, quizás tengas que hacer cosas como saltar piedras en grupo. Que sea una subida colectiva complica las cosas porque no te puedes tomar el tiempo que necesitas; ya que todos avanzan al mismo tiempo y de detenerte podrías caerte o peor, hacer caer a alguien. Sobretodo si tienes a un precipicio sin seguridad a tu costado.
No conozco mucho de Lima y menos de la carretera que conduce a la Sierra, pero me puedo hacer una idea gracias a lo que finalmente vi. Era un lugar de hermosura honesta, parecía que la naturaleza me echara en cara que en estado puro nadie le podía hacer la competencia. Lo dice una chica que escasas veces ha salido de la ciudad. Para abreviar, era una cuesta arriba llena de verde, marrón y azul si mirabas hacia arriba. El camino no estaba hecho en numerosos segmentos e improvisabas saltando sobre las piedras o esquivando pequeñas corrientes de agua. Fue una grata sorpresa encontrar al mirar por el precipicio a unos burros pastando, todavía no entiendo porque nos emocionamos tanto con esa escena. Y el sol, era reconfortante e insoportable de una manera lúdica.
Hicimos algunas paradas junto a Fray Hans, nuestro catequista, antes de la separación. En ellas primero nos explicó la "Ley número uno del peregrinaje": Trae solo lo indispensable y esto. Tiene mucha razón, nunca es bueno estar cargando un bolso enorme lleno de cosas que si las analizo del lado subjetivo son mis inseparables pero en realidad se puede sobrevivir perfectamente sin ellas. Tal vez a principal razón es que nunca sabes con qué te encuentras en la siguiente curva, quizás tengas que hacer cosas como saltar piedras en grupo. Que sea una subida colectiva complica las cosas porque no te puedes tomar el tiempo que necesitas; ya que todos avanzan al mismo tiempo y de detenerte podrías caerte o peor, hacer caer a alguien. Sobretodo si tienes a un precipicio sin seguridad a tu costado.
Antes de volver a partir Fray Hans nos recordó que nadie podía quedarse atrás, pues la prioridad era avanzar en comunidad. Nadie protestó. Seguimos avanzando y cuando él vio que necesitábamos tomarnos un descanso (y a él le urgía uno también con seguridad) descansamos de nuevo y nos leyó un pasaje. Luego explicó muchas veces creemos solucionar nuestros problemas nosotros mismos, pero siempre necesitamos de Dios y digamos que sin él... nuestros intentos dan risa. Bueno, no, MIS intentos dan risa.
No calculé cuanto tiempo estuve sin hablar sacándome tierra de los ojos para poder determinar sobre que piedra poner un pie, cuando noté que Jennifer tenía mayores dificultades y Fray Hans la jalaba para que avanzara. Mientras los esperamos a alguien se le ocurrió tomar un "selfie" en el que por supuesto no salimos. Sabía que no quería salir en una foto por motivos que entiendo, pero me sentí mal de rechazar a mis compañeros, con quienes si bien es cierto no guardo una relación de amistad estaban en ese momento haciendo lo mejor que podían para subir cerro arriba.
El camino se puso peor después de eso y empecé a notar la diferencia de metros que se marcaban entre ellos y yo. De vez en cuando Fray Hans volteaba para decirnos que nos mantuviéramos juntos pero realmente me sentía exhausta También era consciente de que Jennifer estaba mucho más atrás que yo. Entonces alguien gritó "¡Todavía faltan ocho kilómetros!". Por estar pensando en qué decisión tomar tropecé y me golpeé contra las piedras ardientes. Simplemente me hice a un lado y dejé que la otra comunidad avanzara esperando a Jennifer. Para cuando me alcanzó y se sentó angustiada en una piedra más abajo ya veía a lo lejos a nuestra comunidad. Esperé unos segundos antes de avisarle que deberíamos alcanzarlos. Ella me dijo "Ve tu si quieres, yo me quedo". No entendí por completo porque su frustración era incluso el doble de la mía , pero no me importó. No iba a avanzar porque a)Quizás no los alcanzaba b) Me sentiría muy solitaria con ellos avanzando a su paso c) No iba a dejar a mi amiga y menos en ese estado. Nos sentamos en silencio y pasaron otras comunidades. Se nos unió Katherine Pohl, ella tampoco quería avanzar y menos sabiendo que faltaban ocho kilómetros. Hicimos mucho tiempo hablando de lo que sea y luego decidimos que de verdad necesitábamos avanzar. Nadie se quería quedar totalmente atrás en medio de los cerros, a ocho kilómetros del destino final, en unos cerros (o montañas) totalmente desconocidos en La Oroya al costado de un precipicio.
Lo más gracioso e inesperado fue que al dar la vuelta y terminar ese tramo nos encontramos con un camino modificado por la mano humana, plano, por el que se caminaba sin el menor esfuerzo. Sentimos la ironía como una dulce cachetada. Unos cincuenta metros más abajo había una especie de glorieta y al costado el descenso al destino final.
No calculé cuanto tiempo estuve sin hablar sacándome tierra de los ojos para poder determinar sobre que piedra poner un pie, cuando noté que Jennifer tenía mayores dificultades y Fray Hans la jalaba para que avanzara. Mientras los esperamos a alguien se le ocurrió tomar un "selfie" en el que por supuesto no salimos. Sabía que no quería salir en una foto por motivos que entiendo, pero me sentí mal de rechazar a mis compañeros, con quienes si bien es cierto no guardo una relación de amistad estaban en ese momento haciendo lo mejor que podían para subir cerro arriba.
El camino se puso peor después de eso y empecé a notar la diferencia de metros que se marcaban entre ellos y yo. De vez en cuando Fray Hans volteaba para decirnos que nos mantuviéramos juntos pero realmente me sentía exhausta También era consciente de que Jennifer estaba mucho más atrás que yo. Entonces alguien gritó "¡Todavía faltan ocho kilómetros!". Por estar pensando en qué decisión tomar tropecé y me golpeé contra las piedras ardientes. Simplemente me hice a un lado y dejé que la otra comunidad avanzara esperando a Jennifer. Para cuando me alcanzó y se sentó angustiada en una piedra más abajo ya veía a lo lejos a nuestra comunidad. Esperé unos segundos antes de avisarle que deberíamos alcanzarlos. Ella me dijo "Ve tu si quieres, yo me quedo". No entendí por completo porque su frustración era incluso el doble de la mía , pero no me importó. No iba a avanzar porque a)Quizás no los alcanzaba b) Me sentiría muy solitaria con ellos avanzando a su paso c) No iba a dejar a mi amiga y menos en ese estado. Nos sentamos en silencio y pasaron otras comunidades. Se nos unió Katherine Pohl, ella tampoco quería avanzar y menos sabiendo que faltaban ocho kilómetros. Hicimos mucho tiempo hablando de lo que sea y luego decidimos que de verdad necesitábamos avanzar. Nadie se quería quedar totalmente atrás en medio de los cerros, a ocho kilómetros del destino final, en unos cerros (o montañas) totalmente desconocidos en La Oroya al costado de un precipicio.
Lo más gracioso e inesperado fue que al dar la vuelta y terminar ese tramo nos encontramos con un camino modificado por la mano humana, plano, por el que se caminaba sin el menor esfuerzo. Sentimos la ironía como una dulce cachetada. Unos cincuenta metros más abajo había una especie de glorieta y al costado el descenso al destino final.
Esto fue lo que encontramos. Una cascada preciosa. No era Iguazú ni nada semejante, de hecho en un concurso en esa estación del año quedaría entre los últimos puestos. Pero seguía siendo hermosa, tanto objetiva como subjetivamente. Nuestra comunidad se encontraba reposando en el pasto, nos unimos a ellos con las heridas de las caídas, la manos llenas de tierra y unos helados de vainilla de dudosa procedencia que un señor vendía por el lugar. Tuvimos una especie de compartir sin resentimientos. Fray Hans nos dijo con una sonrisa culpable que nos habían estado esperando.
Luego vino Miss Paloma y nos habló sobre la experiencia. Precisamente me preguntó a mí qué había aprendido de la caminata. Le respondí que aveces llegar con el grupo es más importante que avanzar rápido para llegar antes. No buscaba sacarle en cara nada a nadie. Me dio la razón y mientras explicaba que el objetivo era llegar en comunidad supe que lo más probable era que yo hubiera hecho lo mismo que ellos, quizás no con la intención de llegar primero pero definitivamente sin el valor de decir "Esperen, alguien se está quedando atrás" ni las ganas suficientes para hacerlo. Pero algo bueno aprendí sobre sentirme relegada de nuevo. Pude entender por lo que compartieron los otros miembros de mi comunidad que se habían estado apoyando entre ellos para subir y que incluso se habían cargado las cosas. Me alegré por ellos, honestamente, pero no pude evitar sentirme tan... yo.
De pronto tuvimos que regresar. Eramos de los primeros grupos en salir y ya nos tocaba regresar. La bajada fue mucho más ligera, básicamente por ser una bajada. Pero también porque Fray Hans se quedó a esperarnos a Jennifer y a mi (algo le decía que nos demoraríamos más de la cuenta otra vez). En el trayecto nos contó su historia, una que jamás habría imaginado. Tenía un gran amor en la secundaria, el cual perdió por haberla traicionado en la fiesta de promoción. No alcanzó a pedirle perdón porque la chica era asmática y falleció unos días después cuando la casa de sus vecinos se incendió y sus pulmones no pudieron con el humo que inhalaba mientras dormía. También nos compartió otros puntos interesantes de su vida. Definitivamente la bajada fue mejor que la subida porque: nos reímos más, pude apreciar el paisaje y tomarle fotos y compartimos algo con nuestro catequistas y... se sintió muy bien, muy humano. Una frase de una canción del grupo OneRepubic se quedó rondando mi cabeza "Pies temblorosos, no me fallen ahora, correré hasta que no puedas caminar".
El regreso en bus no fue un momento propicio para descansar, pero al final me di cuenta de lo reconfortante y humano que era atravesar en comunidad momentos de dificultad y una vez terminada la tormenta, sanar y cicatrizar juntos nuestras heridas. Hacía que la esperanza de vida fuera casi tangible. "Una sola alma y un solo corazón en Dios".
A medida que fui creciendo supe que sería el tipo de persona que nunca tendría muchas personas alrededor. Me encerré, abracé esa condición y por completo me volví en contra de cualquier experiencia que implicara vivir en comunidad. Ahora puedo ver con claridad los signos de inmadurez e intolerancia que emitía en intensidades radioactivas. Simplemente no funciona así, después de esta experiencia dudo que vuelva a subestimar el conocimiento compartido y colocarlo debajo del conocimiento personal. También puedo ver que, aunque no intencionalmente, me alejé de Dios tanto por este motivo. Necesitaba verlo a él, tener la convicción firme de que está en el corazón de cada persona que me rodea y también en el mío; y solo entonces las cosas comienzan a cobrar sentido. Por eso creo que cumplí con la experiencia 1. Conocerse, aceptarse y superarse. Veo mis horrores desde una perspectiva más alta y reconocerlos y palparme y saber que sigo viva hacen que vea con otros ojos todo el universo. Este es sobretodo el aspecto que más me costará corregir, porque una cosa es identificarlo y otra muy distinta es aceptarlo en su totalidad y superarlo. Pero creo que es un buen momento para empezar, después de regresar de aquel lugar tan místico.
Solía tener fugaces visiones recurrentes de una vida tragicamente solitaria. Pero con todo lo vivido alrededor del año y principalmente después de esta caminata por fin comprendo que no soy la única. No quiero decir "Mal de dos es menos atroz", pero sé que si nos unimos y sobretodo ponemos a Dios en el centro de nuestra relación sencillamente será magnífico. Estoy dispuesta a compartir la "cruz" a pesar de que termine cargando más peso del que pueda soportar. De verdad lo creo. Hay tres fotos en el colleague, dos son de antes de llegar a la cascada y una, la derecha superior, es de antes de regresar. Esa es la única en la que salimos todos juntos y creo poder afirmar (Y espero no equivocarme) que no volveremos a ser una comunidad tan desunida. Esta imagen fue tomada desde el celular de Ana Paula Delgado y la publicó junto a la frase "La fuerza reside en las diferencias, no en las similitudes", de Stephen Covey. Pienso que a pesar de que estuvimos distanciados durante caminata, los eventuales hechos nos llevaron a todos a reflexionar sobre lo que esperamos en la vida y sobretodo, nos condujo a replantearnos la importancia de ser una comunidad. Eso hace que nos identifiquemos con la experiencia 6.Trabaja en comunidad.
Por último. Está bien, pude haber tenido conocimiento de muchas de las líneas que anteriormente escribí. Quizás en un folleto de feria, en la Iglesia, en un actividad religiosa, en Catequesis, en Tutoría, etc. Pero entonces no significaban casi nada para mí. Siento que en parte me identifico con la experiencia 2.Busca la verdad y actúa con coherencia. Quizás estoy equivocada, pero creo que eso se debe a que desistí de encontrar todas las respuestas que buscaba por mí misma y empecé a buscar en los demás. En este caso en mi catequista Fray Hans y en Jennifer y en una señora que vendía ciruelas tirada en el suelo. Simplemente siento que abrí un poco más los ojos y no voy a ignorar esa sensación de saber que hay mucho más a la vuelta de la esquina, por lo que de ninguna manera puedo permitirme volver a encerrarme así.
Eso es todo, gracias Dios por habernos permitido vivir esta inigualable experiencia.
Buenas noches.




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