El día comenzó en terapia de lenguaje. En realidad, me dirigí ahí sin consultarle a nadie porque me había gustado mucho hacer tantas cosas la vez pasada. No creo que haya sido algo tan malo, porque la ultima vez sí sentí que mi papel era algo relevante y sin el voluntariado las licenciadas tendrían demasiado trabajo acumulado.
Cuando llegué la licenciada Mara no necesitaba tanto ayuda como sí la licenciada Rosa. Ella tenía a cargo a dos bebes y me pidió que cuidara a Alejandro Matthews. Lo reconocí con demora, era ese bebé precioso de catálogo de cunas de Ripley que también recibía terapia con el licenciado Jorge. A pesar de que no hablaba, repasar el cuaderno con él fue divertido. Pudo reconocer a su mamá y sopló las velitas y también intentaba alzar lo brazos. Aunque tenía dificultades, como todo niño con terapia cerebral.
Posteriormente, el doctor Jorge me comentaría que su madre había perdido la tenencia de Alejandro Matthews. Eso debió ser horrible para ella, se notaba que lo adoraba y por lo que sabía no se llevaba muy bien con su ex. Además me contó que de todas formas lo iba a visitar a la clínica cuando su padre lo traía a las terapias y hablaba por celular con el licenciado para que le contara cómo le iba. Estoy anonadada.
Alejandro Matthew se distraía mucho con el reloj que se puede apreciar abajo. De alguna forma supimos trabajar en grupo, porque logramos que eso no afectara el repaso de su cuaderno. Aún así, me falta trabajar mucho con mi manera de poner orden. (1.Adquirir una mayor conciencia de sus propias cualidades y áreas de crecimiento).
Luego me tocó repasar el cuaderno con un niño llamado Josué. Su cuaderno era diferente al de la mayoría de niños, porque el debía manejar sus habilidades conversación o algo así. El punto era que se apreciaban varias fotografías y yo debía preguntarle constantemente que veía, lo cual me pareció que a él le parecería muy tedioso.
Sin embargo era un niño muy especial y muy hablador. Decía muchas cosas, a veces sin sentido, pero también era muy amable. También se distraía mucho, como se puede apreciar en la fotografía de abajo, con el gel desinfectante por ejemplo. Lo importante fue que sí logró hacer bien sus ejercicios
Lo siguiente que pasó fue aterrador en primera instancia. Tuve que ayudar a la licenciada Paola; ella, en una alegre conversación como las que siempre suele tener, me enseñó a dar masajes faciales con un bebé. Observé atenta y curiosa. Luego me pidió que se lo hiciera a otro niño que tenía la cabeza desviada hacia la derecha.
Es decir, no se veía tan dificil. Primero echabas crema por toda la cara. De ahí frente, nariz, círculos en las mejillas, barbilla, encima de los labios. Después pasabas el hisopo alrededor de los labios para crear la sensibilidad. Finalmente, toquesitos. Lo que realmente me preocupaba era que los músculos del bebé dependía de mis torpes manos, pero a la vez me hacía sentirme más comprometida y atenta. (8. Desarrollar nuevas habilidades). Pienso que hacer algo con las manos se siente grandioso, ayudar a alguien de forma corpórea te da la sensación de ser útil. Pero lo más gratificante es admirar el resultado visible en una persona. La licenciada Paola me contó que el niño no podía comer y llegó alimentado por vía intravenosa, pero que con su terapia ya puede alimentarse con papillas. Eso es maravilloso. Abajo se encuentra una fotografía de la crema de bebés que utilicé para el masaje, que por cierto huele delicioso.

Debo reconocer que las habilidades de la licenciada Paola con los niños son enormes. Es muy consentidora, pero sabe tratar con los engreídos. Tiene una alegría que se contagia con los niños y hace que trabajen con toda su capacidad. Definitivamente es lo que estuvo destinada a hacer.
Posteriormente me tocó repasarle el cuaderno a un niño con una sonrisa pícara que no me quiso decir su nombre. Parecía ser un niño muy inteligente, que podía darse cuenta de las cosas, aunque no siempre era capaz de expresarlo. Intuí que andaba algo malo con su papá, pues cuando le pregunté porqué no me podía decir su nombre el respondió "Por mi papá que estaba acá". Yo le pregunte qué tenía que ver eso y él se cubrió los ojos.
Era muy cariñoso y amigable. (3.Proponer y planificar actividades). Noté que se aburría con el cuaderno, a pesar de que no lo manifestaba verbalmente. Debe ser tedioso siempre hacer los mismos ejercicios de forma monótona. Así que inventamos formas para que repasar el cuaderno sea divertido: repetir los monosílabos o bisílabos cantando, con diferentes tonos o volúmenes. También de forma más rápida, yo haciendo una cuenta regresiva y el repitiendo con lucecitas en sus ojos. Me gustó mucho que haya podido encontrar una forma de repetir con emoción los ejercicios. Además, los realizó muy bien.
Por último. Tuve que hacer el ejercicio de poner algo dulce en el paladar para que los niños levanten la lengua y puedan pronunciar la "l". Esta vez con dos niños a la vez. Uno muy pequeño con el síndrome de down, no hablaba y estaba sentado en la silla especial de bebés. El otro se llamaba Adrián, era gordito y muy hablador. El había traído gelatina en polvo para el ejercicio, estaba muy emocionado por el hecho, pero más por compartirlo con su "hermanito". Después me enteré de que no era su hermanito. Se mostraba muy cariñoso con él, quería ayudarlo a pronunciar la "l" porque tenía muchas dificultades. Mientras la introducía el bajalenguas al bebé, no paraba de dejar de hablarme bien de él y expresar su preocupación por él. Me sorprendí mucho por su generosidad y falta de indiferencia. Tampoco era solo hacia el niño, sino hacia la licenciada Rosa y al final hacia mi. A pesar de que el ejercicio de meter el bajalenguas todavía me parece un poco asqueroso, el significado espiritual que tiene eclipsa mis arcadas. Pero sobretodo el hermoso corazón de ese niño que se preocupa por todo el mundo a pesar de no tener que hacerlo, siendo tan joven. Si todos en el mundo fueran como él, definitivamente sería algo utópico (7. Considerar las implicaciones éticas de sus acciones).
Al final del día redescubrí que todos tienen una historia. Una cosa es saberlo por cultura general y otra muy diferente es saber quien se va a su casa con una mochila en la espalda, que hoy en día sé que son todas las personas. Por ejemplo, Alejandro Mathews tiene una parálisis cerebral que lo hará depender siempre de alguien a su cuidado, situación que se complicará más con la pelea de sus padres por su tenencia. Además, la madre de Alejandro Matthes es tan joven, pero en vez de proyectarse en sueños como deberían los jóvenes debe pelear por la tenencia de su hijo y con el dolor insoportable de no tenerlo a su lado. El niño de contagiosa sonrisa sin nombre también carga en su espalda la presión de sus padres, por ser un niño que "no puede hablar".
Además, aprendí a dar masajes faciales, lo cual podría ser muy útil para una situación futura en la que me tope con alguien que necesita uno y no tiene como pagarlo.
Pero lo más importante: intenté combatir el aburrimiento, el dolor de cabeza y el cansancio con el amor. Puedes irte a tu casa y pensar que no necesitas hacerlo, que lo mejor que puedes hacer en tu vida es preocuparte solo por ti mismo como muchas personas que afirman ser felices lo hacen. Puedes no hacer absolutamente nada diferente a esa persona. Puedes simplemente no hacer el mal, evitar las complicaciones y ser una persona más que avanza con la conciencia tranquila. Pero al final del día sabrás que no quisiste vivir en un mundo donde cada uno se preocupa unicamente por su propia existencia. Y aunque no traspase tus labios, ni se materialice en tu mente como un pensamiento concreto, desearás ser como el niño que daba lo poco que tenía sin esperar nada a cambio con tal de ver la sonrisa de su "Hermanito".




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