Ahora tengo un mal concepto sobre las altas expectativas. Esta vez fui con expectativas muy bajas y terminé haciendo mucho más de lo que me imaginaba. Aunque, reitero, lo más importante es haber ayudado y no sentirme satisfecha.
Esta mañana el doctor Jorge me recibió amigable y sonriente, atendiendo a un precioso niño moreno digno de ser contratado por cualquier agencia de modelos: era el bebé perfecto. Conversamos un poco, esta vez desde un punto de vista médico. Me contó que ese niño no podía subir los pies, algo de los tobillos, y por lo tanto tendría problemas para caminar. La gente que sufre luce exactamente igual que la gente que cree que sufre ¿O me parece?
Luego atendió a la hija de unos señores serios, parecía que eso requería más atención, así que me pidió que hablara con los padres. Yo los miré, me entorpecí, les dijo buenos días y ellos asintieron con la misma cara de serios. Ah, que momento tan incómodo. Me quedé en silencio hasta que me distraje con el bebé rubio de la otra vez: Alejandro Matthews. Su madre me pidió que cuidara que no se cayera de la camilla mientras ella traía algo. Luego evité que el celular del licenciado cayera en sus manos. Su madre era una mujer joven, muy parecida a él. Comenzamos a hablar, ella era más amigable.
Descubrí con impaciencia que quizás el trabajo más difícil y abundante que encontraría en el lugar sería hablar, algo para lo que sé que no nací. Sé que mi misión como voluntaria es aliviar el malestar de quienes van a ser atendidos, incluidos los padres, que probablemente estén más conscientes del problema de los niño. Pero no sé cómo penetrar en una piedra, sencillamente reboto. En cambio, para el doctor Jorge eso no es problema. (8. Desarrollar nuevas habilidades).
Después, el doctor comenzó a hacerle a Alejandro Matthews la terapia. Ahí fue cuando me enteré que tenía una "plesia" en el lado izquierdo. Cuando tienes una "plegia", no te puedes mover; pero si tienes una "plesia" entonces no coordinas. En serio, no se notaba, él no dejaba que su limitación se volviera parte de su identidad y creo que eso es genial. Luego, el doctor me dejó ayudarlo hacerle la terapia con los aros. (2. Emprender nuevos desafíos).
Esta consistía en que el pequeño utilizara su brazo izquierdo para transportar lo aros de un lado al otro. Y yo se los alcanzaba o los sujetaba. Sentí que hacía algo útil por fin, pero también me alegro que el niño pudiera realizar los ejercicios sin mayores complicaciones, eso indicaba que la terapia iba muy bien. Mientras tanto, el doctor hablaba con la madre del niño. Ambos son muy amigables, pero me sorprendió que se hicieran preguntas personales como sobre su pareja u opinión sobre tener hijos. Entonces se me ocurrió que el doctor también era psicólogo pero no ejercía la profesión.
Después, nos despedimos de Alejandro Matthews y su madre, y él se fue a almorzar dejándome a cargo de una doctora. Ella también era amigable, inició la conversación y me presentó a su paciente: un niño de ocho años con una similitud increíble a un oso polar. Él comía mucho y también era muy travieso. Estuve observando lo que hacía mientras conversábamos, también conocí a su hermano, un muchacho de mi edad que era campeón de motocross y atletismo. Por esa razón solían viajar a Lima, aunque esta vez se trasladaron desde Cajamarca para la terapia del menor.
Luego la doctora se fue a almorzar y nos encargó vigilar al pequeño. Él tenía que hacer cinco idas y vueltas como rana por un trayecto, aunque se distraía mucho no hubieron complicaciones.
La imagen muestra aquel trayecto que para un niño de esa edad estuvo lleno de distracciones. Recordé con gracia que a los niños se le debe recordar las cosas constantemente. Después me dijo que lo llamara, eso me conmovió, me quitó mi celular y se puso a jugar Candy Crush. Luego se lo arrebaté y me tiró al suelo. Al final se fue riendo y gateando, como un oso polar, gritando "Lo siento".
Después fui con otra doctora que era un poco más seria, pero igual amigable, que esta prendida a su celular. No sé si eso es correcto, probablemente no era necesario prestar mucha atención a lo que el niño hacía estando su mamá presente, pero no sé si es correcto. Me contó que el solo tenía pie plano, era una de sus primeras sesiones, tenía que hacer muchos ida y vuelta llevando aros en puntas. Me encargó que vigilara que volviera a transportar todos los aros caminando de talones y luego hicieran 30 subidas a las escaleras. Luego de un rato me deseó suerte y se fue a almorzar.
Dylan encontró muy difícil caminar de talones, como me advirtió, pues sus pies eran planos. Su madre no era cariñosa, le decía de forma fría que se apurara para poder irse. No la juzgaría, no podría hacerlo, quien sabría la cantidad de problemas que tendría, ¿Quién era yo? Pero algo me decía que Dylan prefería los tratos más cálidos. Además, después de un rato empezó a decir que no podía hacerlo y se detuvo para reprimir el llanto. Me sorprendió la madurez del niño, así que me paré a su lado y le dije que "La palabra no puedo no existe".
Luego le propuse hacer carreras y empecé a caminar de talones con él, sin saber si era correcto o si yo era una promotora del engreimiento desmedido. Pero después de eso el estuvo mucho más animado y terminó rápido, ganándome en todas las carreras para mi asombro y verguenza. En realidad sí me dejé ganar, en mi defensa, pero yo tenía zapatillas y el andaba descalzo. (5.Mostrar perseverancia y compromiso personal en sus actividades).
Él se hallaba muy feliz de haber superado el reto, ordené los aros y lo acompañé a las escalerillas. Me asustaba la velocidad con la que subía, temía que se cayera en cualquier momento, así que me puse detrás de él con los brazos abiertos para evitar cualquier accidente. Él estaba muy entusiasmado cuando lo trataba con alegría, terminó rápido sus ejercicios. Me sorprendió que no se distrajera para ir con su amigo a jugar con la tablet de este. Le dije que después podría ir a jugar, que le faltaba poco ¡Y me hizo caso!
Esas son las escalerillas por las cuales subió y bajó como un pequeño saltamontes. Pronto vino su mamá por él, y tuve que decirle que se encontraba jugando en esa esquina, ella lo obligó a irse a pesar de que él estaba divirtiéndose. Miré la escena con tristeza, me pregunté como sería Dylan a mi edad.
Después regresé con el doctor Jorge, quien empezó de nuevo sus terapias. Primero llegó una niña con microcefalia que no podía moverse por debajo del cuello. Era realmente pequeña, sobretodo su cabeza. Su madre parecía no ser mucho mayor que yo, ella nos contó que se había aferrado a la Iglesia para soportar los golpes de la vida, pues su religión evangélica y Dios eran el motivo de esta.
Además, nos narró el incidente de su parto. su niña Nicole nació y entró en paro porque el oxígeno no le llegaba correctamente. Ella pudo ver cuando los doctores se la llevaron de emergencia, logró escuchar "Reanimación" y luego vio la tina de sangre que ella misma emanaba. Acto seguido, se encomendó a Dios antes de desmayarse.
El doctor también le realizó terapia a Cochachín, un niño de la Sierra de no más de tres años, que hablaba quechua al igual que su madre. Ella tenía dificultad para entender que debía traer una crema de bebé en vez de crema de adulto. El doctor ya se había cansado de prestarle crema para la terapia y le habló fuerte para que entendiese.
Al final del día aprendí mucho, y también pude dar de mi para hacer a otras personas menos infelices, que es lo más importante. Conocí nuevas historias, todas ellas muy intensas y marcadas por el deseo de superación. Tuve el honor de poder ayudar a niños a realizar sus terapias de forma directa, algo por lo que siempre estaré agradecida. También entendí que en ciertas situaciones está bien molestarse, si es que eso ayudará a la otra persona a ser mejor. (7. Considerar las implicaciones éticas de sus acciones). Me siento tan afortunada y llena. Ojalá esos niños continúen con el indiscutiblemente admirable deseo de disfrutar de la vida, a pesar de las pequeñas interrupciones.




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