No había mucho que hacer, además de estar con Miguel Ángel, pues la mayoría de pacientes eran niños que tenían la compañía de sus seres queridos. Se me ocurrió que podríamos acercarnos de todos modos y ayudarlos, pero a mis compañeras no les pareció buena idea y probablemente tuvieron razón. De entre todos los pacientes, él que más me llamó la atención fue un niño que estaba casi desnudo y tenía las dos piernas enyesadas, separadas por un tubo de yeso. Él lloraba, y yo no sabía cómo hacer para ignorar que estaba sufriendo. Es cierto que su mamá estaba al lado suyo sin hacer nada, mirando de forma seca el televisor, pero ¿Qué es correcto en estos caso? Supongo que tardaré en averiguarlo. (7. Considerar las implicaciones éticas de sus acciones).
Una enfermera no muy amigable nos informó que no deberíamos alimentar a miguel ángel porque él no nos conocía y podía sentirse incómodo y no querer comer por eso. A pesar de que le explicamos que ya lo habíamos hecho sin problemas el Jueves, ella insistió y le dio de comer. Entonces ¿Qué hacíamos? Nada.
Acudimos a la oficina de enfermeras de esa área, nos miraron titubeando un rato y luego una enferma se acercó de forma amable y nos pidió dibujar cuadros con lapicero rojo y regla en los cuadernillos que ellas tenían para apuntar los datos de los pacientes. Me sentí un poco frustrada, no por el hecho de hacer algo tan simple sino porque no se necesitaba nuestra ayuda ahí, pero irse sería demasiado descortés. Me sentía impaciente porque no había trabajo pero si muchas personas dispuestas a realizarlo, reduciendo el trabajo realizado finalmente. Sobretodo porque solo habían dos lapiceros y una regla, difícil decisión.

Dividiéndonos el trabajo
Al final realizamos los cuadros mal, porque algunos eran complicados y nosotras estábamos distraídas en una plática que parecía interesante. Tuvimos que arrancar algunas páginas de los cuadernos incluso, porque no tenían remedio. (4. Trabajar en colaboración con otras personas). Luego de hacerlo por un largo rato decidimos que era suficiente y fuimos a buscar otra área, por mi sugerencia, a pesar de no saber si estaba permitido. Acudimos al área de hospitalización del tercer piso, donde José mencionó que había abundante trabajo.
Realizando los cuadros
Pero al llegar la enfermera nos miró apenada y nos dijo que si queríamos podíamos visitar a los pacientes en recuperación. Asentimos y nos fuimos, a mis compañeras les pareció una mala idea, a pesar de que discrepo de su punto de vista este también me pareció lógico. Después de eso solo quedó esperar a que Yesenia, la señora que tenía la llave de las oficinas donde estaban nuestras cosas, llegara de almorzar.
Aguardamos en el suelo, afuera del pasillo, escuchando música. Después de bastante tiempo llegó José, feliz porque tuvo una enriquecedora conversación la Señora Gardich, una antigua maestra de teatro que se considera a sí misma feliz a pesar de no tener las condiciones que la gente piensa que se debe tener para ser feliz. Su misión era entretener a los pacientes, tal como nos había sugerido la enfermera, pero él no lo había considerado una mala idea y había hecho algo muy productivo ese día. Al poco rato llegó Yesenia.
Después de los eventos frustrantes del día pude comprobar que el panorama había cambiado en su totalidad. Mi papel, nuestro papel, no era tan relevante en la clínica como lo había sido en Llanavilla y ahora dependía de nosotros si realmente hacíamos algo productivo o no. Dejando de lado el debate de si es moral o no ayudar aún cuando no se necesita tu ayuda, no creo que la gente vaya a caminar por la calle con un letrero en la cabeza de "Estoy triste, ayúdame". Aún cuando puedan preferir guardarse sus problemas, es mejor intentarlo y recibir una negativa a no hacerlo y dejar a la otra persona sola. Además, lo más importante, el trabajo no fue creado para ser divertido, emocionante, o satisfacer tus expectativas. Eso es algo que con frecuencia olvido, pero trato de recordar. Debo de rotularme en la mente que las cosas buenas se hacen porque son buenas para la persona a quienes se ayuda, no porque te hagan sentir bien o útil.


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