domingo, 6 de abril de 2014

Sábado 5/4/14

Llegamos con unos minutos de retraso, evidentemente nerviosos. Los niños y el colegio se veían exactamente igual que las imágenes de Facebook, pero no contaba con que habían perros callejeros por ahí. Pero al igual que un montón de prejuicios estúpidos que tenía al principio, desaparecieron para la mitad de la clase.
Personalmente estuve emocionada todo la semana con que llegara el día y cuando llegó el momento de actuar me sentí frustrada conmigo misma por no poder tratar muy bien con los niños. O al menos no como lo hacían mis otros compañeros, ellos se veían profesionales. Me sentí mal conmigo misma mientras veía cómo empezaban las presentaciones y esperaba que alguien me dijera que hacer ¡Qué egoísta! En cierto punto decidí que lo único que debería importarme eran los veinte y algo niños
Entonces empezaron a ser los niños. Había uno en una esquina que no quería participar, dijeron que su papá lo había golpeado. Se llamaba Jesús, aunque toda la clase creímos que era "Jetsu". Era tan dulce e inocente en todas las formas. Hubieron otros niños que pude conocer, Hashenka, Rodrigo y David. Todos tenían historias e ideas diferentes, cada quien apuntaba a convertirse en otra historia más grande y era confuso ver que estaban ahí ignorando que su presencia era más real que cualquier otra cosa que había visto.
Es feo pensar solo en mí misma y en cómo las cosas cobran sentido a mi alrededor. Realmente quiero salir de mi burbuja y poder hacer algo útil. Debo admitir que no sé trabajar con niños, nunca tuve hermanitos ni primos a quiénes cuidar pero no quiero que

sea mi excusa perfecta para hacer las cosas mal. Había una niña llamada Angélica que le había quitado una especie de flor armada con varios globos a Hashenka. Previamente había trabajado con Hanshenka y le pregunté si era suyo de verdad y me dijo que sí, así que pensé que lo justo era devolvérselo y tratar de hacerle otro a Angélica. Pero tampoco soy buena haciendo cosas con mis manos y le pedí ayuda a Sergio bajo la mirada atónita de Angélica. Él tampoco podía y yo me empecé a reír de los nervios (¡Grave error!), luego volví a ver a la niña y esta empezó a llorar. ¡Estaba llorando! ¡Y era por mi culpa! No supe que hacer y tuvieron que venir Andrea Bustamente y Nicole para arreglar el problema. Al menos ahora sé que para trabajar con niños tengo que estar el doble de atenta y no hacerles desplantes porque se ofenden con facilidad.
El resto del tiempo me limité a jugar con los niños que estaban solos para que nadie se quedara sin hacer nada. Así fue hasta que vinieran a recoger a todos los niños o al menos a la mayoría. Era mucho más fácil y se me fueron los nervios. Sentir el contacto y cariño de los niños era algo que de verdad valía la pena, como nos habían explicado en la Jornada de Dios. Fue algo que descubrí, ya que no sabía hasta qué punto podía llegar a ser. Honestamente y sin exagerar es una de las actividades que sé que se convertirán para todos en "lo que más se espera de la semana".
Y así terminó el día, un día que sí valió la pena. Regreso a contarlo desde mi perspectiva. Cuando llegué no me espanté pero si sentí algo de rechazo ante la suciedad del lugar y más que nada por los perros que caminaban por el suelo. Mis amigas siempre dicen que soy exagerada y le "temo a los gérmenes" o algo así. El punto es que al final terminé totalmente echada en el suelo con Jetsu y dejé que las niñas me peinaran (arrancaran el cabello) por dos segundos. Ya sé que no es la gran cosa y que todos lo hicieron, pero siento que para mí fue importante. Lamentablemente no participé mucho de las clases en sí porque sentí que lo arruinaría y estuve pendiente de los niños que no querían acoplarse. Pero al menos al final terminé con el polo de Ciudad de Dios lleno de suciedad y eso es algo que no creía que iba a suceder y es tan genial y me hace sentir muy bien. Incluso aunque me fui sintiendo frustración porque no di todo de mí en un principio y no hice todo lo que había esperado hacer, para mi fue quitarme un gran peso de encima poder hacer eso. 
Estuve mirando sorprendida a mis otros compañeros porque ellos se comportaron así desde que llegaron y lo hicieron tan bien. Pero no me siento totalmente triste, estoy aliviada porque al menos hice algo y contribuí en parte a que Jetsu se vaya de las clases de inglés con una sonrisa aunque tal vez no haya aprendido todo el contenido que se enseñó. Y esto fue porque estuvo en una esquina durante las primeras actividades. 
Creo que estuvo bien para ser la primera clase y le doy gracias a Dios por permitirnos vivir esta experiencia tan hermosa. Ayudar a alguien de esta forma aunque sea en lo más mínimo es mucho mejor que... no sé con que compararlo, pero estoy segura de que es una de las mejoras sensaciones que se puede tener en la vida. 
Ojalá pueda contribuir más en la próxima clase, pero por ahora siento que ese pequeño paso es enorme. Gracias Dios.  
Buenas noches...



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